domingo, octubre 30, 2011

Petro, un voto por la reconciliación

El periódico El Espectador me solicitó que explicara en 500 palabras por qué voy a votar por Gustacvo Petro. Este es el resultado de esa reflexión, que aparece publicado en la edición de este domingo, 30 de octubre de 2011. 
En un país azotado por los violentos, donde supuestamente se aboga por una salida pacífica al conflicto, con desmovilización de los combatientes y entrega de las armas como condiciones para la reconciliación, nos encontramos con que alguien como Gustavo Petro es una amenaza pública; precisamente porque fue guerrillero. Por lo tanto hay que condenarlo al ostracismo y al silencio y, si es posible, a la miseria, porque alguien como ‘ese’ no tiene derecho a vivir digna ni cómodamente, sino como un reinsertado, manejando —si acaso— un taxi subsidiado, pa’ que no joda la vida.

Si hace 20 años Álvaro Gómez hizo las paces con el M-19, ¿por qué otros insisten hoy en estigmatizar a los exintegrantes de ese grupo, en un gesto mezquino que nada aporta a la cohesión de nuestra sociedad? Esa discriminación es el mayor escollo al que se tienen que enfrentar dirigentes como Petro y otros antiguos insurgentes que le han apostado a la paz.

Petro está lejos de ser un candidato perfecto —¿alguno lo es?—, pero tuvo coraje para desligarse de los actores armados y ha mostrado vehemencia para defender sus convicciones, entereza para denunciar a los corruptos, inteligencia para evadir discusiones estériles y seriedad para trabajar sin sectarismo junto a dirigentes de otros lados del espectro político, actitud desconcertante para algunos seguidores y que sus excopartidarios más radicales han aprovechado para tildarlo de traidor. Cada vez es más evidente que la política no se puede hacer a punta de dogmas y así lo entiende el candidato de Progresistas.

Petro reconoce discrepancias con el procurador, sobre todo en políticas de género, derechos de la población LGBT y aborto. Pero aclara que confió en Alejandro Ordóñez cuando éste le aseguró que iba a apoyar a la Corte Suprema de Justicia y a la Fiscalía en los procesos de parapolítica y corrupción, y que las decisiones del jefe del Ministerio Público en casos como AIS, así lo han corroborado.

Afirma que no tolerará el menor amago de corrupción y que trabajará con la Policía Nacional y las demás autoridades para que la seguridad se fortalezca a favor del ciudadano y no del Estado, como ocurría con la seguridad democrática. Tiene una ambiciosa política incluyente, para erradicar la segregación por razones de raza, género, discapacidad, edad, etcétera.

Es evidente que Petro carece de experiencia administrativa, pero en el manejo de una ciudad lo clave es el liderazgo, y Petro lo tiene de sobra. ¿Qué ganó Colombia en dos gobiernos en los cuales el gran administrador que había, manejaba el país como una finca?

En resumen, voto por Petro porque creo que su triunfo no sólo contribuye al progreso de Bogotá, sino que es un aporte muy significativo a esa reconciliación real que tanta falta le hace a nuestra sociedad.

jueves, octubre 27, 2011

El poder no llega solo

La lucha por el poder es el motor de muchos talentos y el promotor de no pocas de las desgracias que padece la humanidad. El poder es el fin supremo de la política, el designio más alto al que aspiran tantos hombres y no pocas mujeres.

En una obsesión que suele carcomerlos toda la vida, los políticos aspiran a obtener el poder con la supuesta intención de resolver los problemas de ‘la humanidad entera que entre cadenas gime’. Sin embargo, una vez instalados en alguna de sus cumbres (llámese presidencia, alcaldía, gobernación, etcétera), nos salen con el cuento de que el ostentar tal nivel de poder no es suficiente. Por eso, ante el primer tropiezo, cada gobernante –nacional, regional o local– se escuda en la tesis de que encontró todo descuadernado, que la situación resultó peor y que la crisis es más profunda de lo que le habían dicho.

Sólo en ese momento, cuando los acosan las dificultades, los dirigentes políticos salen a decir que, pese a todo el poder que manejan, no pueden hacer nada y olvidan que cuando estaban de candidatos prometían hacer de todo. Llegan incluso a lamentarse con pose lastimera de la soledad del poder, como esperando la solidaridad y la comprensión de sus electores.

Sin embargo, a sabiendas de todo lo anterior, conscientes de que el poder no lo es todo y de que la política es tan desagradecida, ¿por qué tantas personas lo persiguen tan afanosamente? Semejante contradicción sólo se explica al repasar las razones supuestas y las razones reales que las llevan a buscar el poder, para diferenciar la retórica de la práctica.

Muchos políticos se creen
los enviados del cielo.

Al disfrazar sus reales ambiciones, los hambrientos de poder aducen curiosas razones que van desde la vocación de servicio hasta la recuperación de los valores, pasando por el sacrificio personal o el rescate de las instituciones. Pero todos sabemos que esos pretextos, esas respuestas de cajón, ocultan el verdadero incentivo de quienes van tras el poder, y que se reflejan en un inmenso deseo de reconocimiento público y social, en los beneficios asociados al ejercicio de un alto cargo, en una infinita megalomanía y, sobre todo, en ese complejo mesiánico que les hace suponer que ellos han sido enviados del cielo a salvar a sus semejantes.

Quienes resulten elegidos este domingo tienen que entender que con esa cuota de poder adquieren también el compromiso de cumplir cabalmente con su deber, aunque eso no implique necesariamente el pago estricto de todas sus promesas electorales; al fin y al cabo una cosa es hacer campaña y otra gobernar. Y como humanos que son, tienen derecho a equivocarse, pero no a obrar de mala fe; pues, como decía el ex presidente Darío Echandía, en política se puede meter la pata, pero no la mano.

jueves, octubre 20, 2011

La hora de la ‘planeacción’

Después de un año de la tragedia invernal que devastó inmensas zonas del país, lo que muchos nos temíamos pasó: que antes de que el gobierno hiciera algo por resolver los estragos del invierno pasado nos iba a caer el siguiente, con los consabidos perjuicios que ya se están empezando a apreciar.

Hace un año el propio presidente señaló que ese invierno era una catástrofe de proporciones inesperadas y que iba a poner todo su empeño en la mitigación de sus consecuencias. Sin embargo, pese a toda la parafernalia, el designio de un insigne banquero para que gerenciara la operación de salvamento, los cacareados oficios de la Primera Dama y los rimbombantes anuncios como respuesta a las inclemencias del tiempo, lo cierto es que la tarea del gobierno en esta materia deja un balance preocupante.

Yo era de los que creían que siendo Juan Manuel Santos un hombre muy capacitado en temas gerenciales y dada su conocida obsesión por mostrar resultados, él y sus colaboradores iban a realizar acciones más efectivas contra los desastres ocasionados por el invierno; pero eso no sucedió. De hecho, buena parte de las ayudas fue desviada o usurpada con fines políticos y toneladas de alimentos y medicinas terminaron pudriéndose en bodegas mientras los damnificados clamaban por algún tipo de asistencia que jamás llegó.

Ahora toca multiplicar esfuerzos para atender a la vez los frentes de emergencia que dejó la crisis del año pasado y los nuevos retos que ya se ven con el invierno actual, que apenas comienza.

Parece que el Presidente se hubiera
posesionado ayer y no hace 14 meses.

En este campo, da la impresión de que el Presidente se hubiera posesionado ayer y no hace 14 meses. La hora de planear ya tenía que haber pasado y el gobierno en pleno debería estar de cabeza actuando en todos esos frentes; pero parece que todos allá arriba estuvieran todavía dedicados a hacer estudios y trazar estrategias. Eso tenía validez hace 12 meses, cuando la nueva administración fue sorprendida por la catástrofe, pero ya ha pasado mucha agua no bajo el puente sino por encima de nuestras cabezas.

No se trata de caer en la improvisación ni de recurrir a las acciones desesperadas, pero tampoco se pueden quedar los altos responsables del manejo del Estado haciendo estudios y recitando teorías, mientras el agua arrasa con todo, sobre todo en las zonas más necesitadas del país.

En efecto, un gobierno serio y responsable debe planear antes de actuar; sin embargo hay situaciones que exigen acciones inmediatas y efectivas. Señor Presidente, el invierno no da espera, usted no se puede quedar en los discursos y la solidaridad de los micrófonoso Twitter; usted sabe que eventos extraordinarios exigen acciones extraordinarias. Reaccione. Usted tiene que planear y actuar, la cosa es diciendo y haciendo; es hora de pasar a la ‘planeacción’.

viernes, octubre 07, 2011

“Todo el edificio es suyo, don Julio Mario”

En el lanzamiento del rediseño de la revista Cromos, en 1998, ocurrió la siguiente anécdota, que comparto con los lectores de Havladdorías:
• Rediseño de Cromos, a cargo del estudio
Vladdo Danilo Black (1998).
La presentación del nuevo diseño de Cromos se llevó a cabo en el edificio de esa revista, a sólo dos cuadras de Semana. Como es costumbre, al acto asistieron numerosos invitados de los medios, la farándula y la política.

Esa noche conocí a Julio Mario Santo Domingo, a quien le explicaron que yo había sido el asesor del rediseño, y conversamos durante unos minutos. El empresario, quien estaba en compañía de algunos periodistas y varios ejecutivos de su organización, no dijo mayor cosa sobre la nueva imagen de la revista, pero hizo algún comentario amable sobre mis caricaturas en su periódico, El Espectador [en el cual yo estuve algunos meses, en 1998]. Luego cambió de tema.

—¿Dónde estamos? —preguntó, refiriéndose a la ubicación del edificio.

—En la carrera 14 con calle 93 —le respondió comedidamente alguno de sus subalternos.

—Mmm… ¿Y todo este edificio es de Cromos?

—Sí, señor —le volvió a contestar.

—Mejor dicho, todo el edificio es suyo, don Julio Mario —le dije yo, como para ponerle algo de color a la charla.

Al oír semejante impertinencia, los presentes se quedaron inmóviles por unos instantes y me miraban con cara de reproche, esperando la reacción del jefe, pero cuando él sonrió los demás lo secundaron, con una amabilidad bastante artificial. 

[Extracto tomado del libro Una semana de quince años; Editorial Aguilar, 2009]

miércoles, octubre 05, 2011

Confianza, 0%

En época electoral, con su influencia y la tendencia del elector a apoyar a los que puntean en los sondeos, las encuestas se convierten en un factor determinante en la decisión de voto; y aunque esta situación no es exclusiva de Colombia, la falta de formación política de los votantes y la inexistente disciplina partidista hace que muchos electores sean más volubles y, por qué no, manipulables.

Pero la influencia de las encuestas sería casi nula sin divulgación, y es ahí donde entra a jugar un papel preponderante la prensa, ya que de la forma como presente los resultados de cada firma, depende que el público se anime a votar por determinado personaje, o lleve a algún candidato a desistir de sus intenciones de hacerse elegir.

Esta semana se presentó un caso muy diciente con El Tiempo, periódico que pecó por punta y punta, gracias a su forma tan particular de informar. El domingo titularon casi a todo lo ancho de la primera página: “Peñalosa, 20,9%; Petro, 16,4%” y en un subtítulo subrayaban que según la firma Datexco (contratada por ese periódico) el ex alcalde llevaba una ventaja de 4,5 puntos. El problema es que esa encuesta ya era vieja, porque 36 horas antes se había sellado la alianza Mockus–Parody, que cambió por completo el panorama electoral en la capital y le quitaba validez a cualquier estudio que incluyera a Antanas como candidato. Así y todo, El Tiempo la publicó como si nada, con una aclaración en página interior, que decía: “el sondeo no recoge efectos de la alianza Parody–Mockus”. Un medio serio no puede hacer una cosa de esas, porque sería igual que si en el supermercado le venden a uno un tarro de carne vieja, con una advertencia en el fondo de la lata que dijera: “esta carne no es fresca; consúmase bajo su propio riesgo”.

La influencia de las encuestas sería
casi nula sin la divulgación de los medios.

Sin embargo, ahí no paró la cosa. Dos días más tarde, el mismo periódico publicó el resultado de otra encuesta (esta vez del Centro Nacional de Consultoría; contratada por el noticiero CM& y con el efecto Mockus–Parody incluido) en la que aparecía Petro con una ventaja de 9 puntos sobre Peñalosa. En este caso, sin embargo, pese a la abismal diferencia, la nota apareció a una columna, en la página 12. Uno de los redactores de la sección política del diario explicaba por Twitter que no se le podía dar igual despliegue a una encuesta propia que a una de otro medio, cosa que no me convence en absoluto.

Independientemente de quién contrate una encuesta, un índice de 9 puntos de diferencia, a favor de quien sea, es una noticia muy importante como para relegarla a un rincón perdido del periódico. A menos, claro, que haya un interés particular en beneficiar a determinado candidato.

Thanks, Mr. Jobs

[Screenshot from www.apple.com]
After 27 years using its products, I can’t imagine my life without Apple. Thanks to Steve Jobs my life is better and I learned to do things with computers in a very simple yet wonderful way. 

R.I.P., Mr. Jobs.