jueves, agosto 25, 2011

La muerte de un grafitero

Las confusas circunstancias en que Diego Felipe Becerra, un joven de 16 años fue ultimado por un agente de la Policía Nacional el pasado fin de semana en Bogotá, me tienen perplejo. Según sus padres y amigos, todo lo que quería ese muchacho era llenar su barrio de grafitis con su firma y la cara del gato Félix; labor en la cual fue sorprendido por la Policía bajo el puente vehicular de la calle 116 con Avenida Boyacá. Según el testimonio de varios amigos que lo acompañaban, al notar la presencia de patrulla, el joven, asustado, trató de huir, lo cual desencadenó la reacción de un agente que le propinó, por la espalda, dos disparos fatales.

El reporte policial, sin embargo, dice que los jóvenes acababan de asaltar un vehículo de transporte público, donde les robaron celulares y otros elementos a los pasajeros.

En las redes sociales (particularmente en Twitter) el alboroto no ha sido poco y son muchas las personas que se han pronunciado; unas deplorando y rechazando la muerte de Diego y otras respaldando la acción de la Policía.

Con todo el respeto, el aprecio y agradecimiento que pueda uno sentir por la Policía Nacional, institución que ha perdido a muchos de sus mejores hombres en defensa de la ciudadanía, tengo que admitir que a mí la explicación oficial de los hechos me ha dejado más dudas que aclaraciones.Por eso, después de leer la información difundida por los medios, en buena parte suministrada por la propia Policía, transcribo a continuación algunos de las dudas que me asaltan y que he compartido por Twitter con mis seguidores.

La explicación oficial de los hechos
ha dejado más dudas que aclaraciones.


En los testimonios del chofer y del pasajero supuestamente atracados por el grafitero, algo no me cuadra. Ambos hablan en forma demasiado similar y la llamada del pasajero es muy clara (y sin ruidos de fondo) para provenir de una buseta. En una parte dicen que el atraco fue en un colectivo y en otra que en una buseta. Son vehículos muy distintos... Además, ¿por qué apenas ahora sale a hablar el conductor? ¿Por qué hasta ahora aparece el pasajero a denunciar?

En una buseta —o un colectivo— con 3 o 4 atracadores armados que pueden controlar muy fácilmente la situación, ningún pasajero creo que se atreva a llamar, por valiente que sea...

Por último, así los muchachos fueran atracadores, la Policía no les podía tirar a matar a menos que fuera en legítima defensa, lo cual no parece ser el caso. Además en las primeras versiones periodísticas se decía que el joven iba a atracar la buseta, no que ya la había atracado.

En fin, estas son sólo algunas de las muchas dudas que me quedan alrededor de este triste y absurdo episodio, que espero se aclare completamente, porque, hasta ahora, hay algo que no me cuadra.

miércoles, agosto 17, 2011

¿Vivir del paisaje?

Hace poco menos de un mes, la Unesco declaró el Paisaje Cultural Cafetero como Patrimonio de la Humanidad. Dicha entidad reconoció “la autenticidad e integridad del Paisaje Cultural Cafetero y la pertinencia de su inscripción en la Lista de Patrimonio Mundial. Así mismo señaló la trascendencia de este bien como paisaje productivo y representativo de la cultura colombiana”, como lo reseñó en su momento El Diario del Otún, de Pereira.

El proceso para lograr esta distinción, en el cual se involucraron las autoridades municipales y departamentales de la zona, así como las universidades y la Federación Nacional de Cafeteros, empezó en 2001 y su propósito era exaltar no sólo el indudable valor estético de 47 municipios del Eje Cafetero y el norte del Valle, sino la relevancia cultural de todos los elementos que hacen parte del mundo del café.

La semana pasada, con motivo del IV Encuentro Nacional de Escritores ‘Luis Vidales’, celebrado en Calarcá, Quindío, volví a este departamento que no me vio nacer, pero que sí me vio dar mis primeros pasos y hacer mis primeros trazos, imbuido en esa particular atmósfera y con el tango y las melodías montañeras como música de fondo de ese mundo que gira alrededor de un grano de café.

Se necesita generar trabajo y mejorar
la calidad de vida de la zona cafetera

Cada vez que recorro las carreteras y contemplo la belleza de los cafetales en medio de guaduales y matas de plátano recuerdo el deleite de la infancia, cuando por esos mismos parajes caminaba emparamado bajo la lluvia, a sabiendas de que al volver a casa me esperaban con un regaño, pero también con una toalla seca y una muda de ropa recién sacada del armario. Pocas experiencias son más gratas que cambiarse las prendas mojadas y tomarse un café calientico después de un aguacero.

Para celebrar este reconocimiento mundial, el presidente Juan Manuel Santos realizó el sábado pasado, en el Parque Nacional del Café, uno de sus acuerdos para la Prosperidad, en el cual aseguró que su gobierno iba a revisar con lupa las implicaciones del desarrollo minero en la región, para evitar que esa industria acabe con el paisaje o perjudique el medioambiente de esa zona, tan golpeada por la crisis en años recientes y donde los índices de desempleo son de los más altos del país.

Sin embargo, vivir sólo del paisaje es materialmente imposible. La importancia cultural y turística del área cafetera, suficientemente avalada y apreciada por propios y extraños, es tan evidente como la necesidad que hay de promover iniciativas que generen trabajo y mejoren la calidad de vida de sus habitantes. Un buen punto de partida sería la puesta en marcha de un ferrocarril moderno que comunique esta zona con el sur-occidente del país, como ocurría en otros tiempos. Sería la locomotora bandera de su gobierno, Señor Presidente.

jueves, agosto 11, 2011

Carta de una mujer confundida

Mi nombre podría ser Liliana, María o Carolina. Y podría ser la mujer del Bolillo o del Mono, la novia de Mateo o de Lucho, o simplemente la amante del doctor García. Podría vivir en un barrio popular de cualquier ciudad colombiana o en uno de los sectores más exclusivos de alguna capital. Podría ser una mujer muy humilde sin formación alguna, o la egresada de una facultad de economía, diseño o psicología de alguna prestigiosa universidad.

Sin embargo, estadísticamente, sólo soy una de las más de 50 mil mujeres que cada año son maltratadas en este país, la mayoría de las veces por sus novios, amantes, maridos, o por algún ex. Pero soy afortunada porque pude haber sido una de las 1,500 que fueron asesinadas porque sí; o una de las 167 que perdieron la vida en casos de violencia intrafamiliar; o una de las 125 eliminadas por su pareja.

La verdad es que me da mucha vergüenza hablar en público de este tema y si me atrevo a hacerlo ahora es por la cantidad de cosas publicadas esta semana sobre el caso de Hernán Darío Gómez, el entrenador de la Selección Colombia, que cogió a golpes a una amiga suya. Yo no quiero ni saber qué le habría pasado si esa señora hubiera sido una desconocida.


Golpear a otra persona es algo que
va más allá de la esfera privada.


Algunas personas que defienden a Gómez dicen que ese escándalo no debería afectar su trabajo como director técnico de la Selección, porque se trata de un asunto personal. Sin embargo, yo no estoy muy de acuerdo. A mí me parece que la elección de un color para vestirse, el gusto por un postre o la escogencia de la religión sí son cosas privadas. En cambio, golpear a otra persona me da la impresión de que es algo que va mucho más allá de la esfera particular y altera directamente una de las reglas mínimas de la sociedad, que es la convivencia pacífica, aparte de que viola la integridad personal del individuo.

Creo que, así yo fuera la peor de las prostitutas o la más pobre o ignorante de las colombianas, ningún tipo tiene por qué agredirme, pero al escuchar a ciertas mujeres, como la senadora Liliana Rendón, me confundo y pienso que se justifica que mi compañero de vez en cuando me dé un paliza; pues al fin y al cabo me la merezco, porque algún motivo le habré dado.

Y siguiendo la lógica de la congresista, aunque corra el riesgo de que la situación se repita, tampoco debo denunciar al abusador, porque es algo que debo resolver con él, analizando las causas por las cuales hice que él me pegara, pese a lo mucho que me quiere. Total, si el diálogo no surte efecto, lo peor que puede pasar es que me mate.

domingo, agosto 07, 2011

Curiosas coincidencias

¿Quién copia a quién?
En estos dos pantallazos se hacen evidentes demasiadas coincidencias; no sólo en los temas sino también en los titulares, la redacción, etcétera.
¿Habrá alguien que nos explique?
[Imágenes gentilmente aportadas por Gustavo del Castillo]