jueves, junio 30, 2011

Los nuevos ex amigos

Aunque no suelo coincidir con las apreciaciones del Predicador General de la Nación, Alejandro Ordóñez, debo decir que apoyo la solicitud que le hizo al señor Presidente de la República para que aclare a quién se refiere cuando habla de la mano negra de la extrema derecha.

Me parece que el término mano negra es un eufemismo al que están acudiendo ya no sólo Juan Manuel Santos, sino también otros altos funcionarios del Estado para referirse a fuerzas o personajes que sin lugar a dudas pretenden desestabilizar el país a punta de pánico, ya sea por medio de rumores o de acciones más radicales, como el petardo contra la efigie de Laureano Gómez en el norte de Bogotá.

Los recientes hechos de violencia cometidos por las Farc -como el asesinato del comandante de la Policía de Carreteras en Antioquia, por citar el más reciente- les han servido de pretexto a los halcones criollos para reforzar la tesis de que las bondades de la seguridad democrática se están desvaneciendo bajo la administración de JMS.

Pero el orden público no es la única ni la más genuina preocupación de esos despojados de influencia, que añoran la política de mano dura de los anteriores ocho años. La ley de víctimas y la restitución de tierras los tienen enervados al punto de que no desperdician oportunidad de tirarle palos a la rueda de las reformas anunciadas por el actual gobierno, por medio de las cuales se busca resarcir, al menos en parte, a miles de colombianos que han sido arrancados de su terruño o que han perdido a sus familiares en un conflicto que el ex presidente Álvaro Uribe, sistemáticamente, se negó a reconocer.

Los ex amigos incondicionales de JMS ocultan sus desavenencias con el mandatario bajo el manto del supuesto retroceso de la seguridad.

Personajes muy recalcitrantes de la derecha, encabezados por el propio Uribe, y entre los que se encuentran Fernando Londoño, José Obdulio Gaviria, Saúl Hernández Bolívar, Enrique Gómez Hurtado, Ernesto Yamhure y muchos otros del mismo corte, se han opuesto ferozmente a dichas reformas, acudiendo a los más rebuscados argumentos. Sin embargo, estos ex incondicionales de JMS ocultan sus desavenencias con el mandatario bajo el manto del supuesto retroceso de la seguridad.

Si JMS no les pone el tatequieto a todos ellos la situación se le va a volver insostenible, pues con cada acción de la delincuencia van a activar las sirenas con el único propósito de deslegitimar su gobierno. Enrique Gómez, por ejemplo, es un experto en esas maniobras. No hay que olvidar que en la época de Virgilio Barco, soterradamente, propuso un golpe de Estado, con el argumento de que al Presidente la situación se le había salido de las manos.

Si Santos quiere que su mandato llegue a feliz término tiene que arreglar las cargas con sus ex amigos con la misma astucia que lo ha hecho con sus antiguos enemigos.

martes, junio 28, 2011

El Congreso, ¿de remate?

En un parqueadero ubicado en la carrera séptima de Bogotá, frente a la Universidad Javeriana, hay un lote de camionetas que llamaron mi atención el pasado domingo 26 de junio. 

Al preguntarle al dependiente del parqueadero por el propietario de dichos vehículos, me dijo que eran blindadas, que pertenecían al Congreso y que estaban ahí para remate. 

Me pregunto cómo y a qué precio pueden ser vendidos esos vehículos, después de estar abandonados ahí, al sol y al agua. De hecho uno de ellos tiene pinchadas las dos llantas delanteras. 

¿Alguien nos podrá explicar algo?

jueves, junio 23, 2011

Cría halcones

La semana pasada, el presidente de la República, Juan Manuel Santos, armó un gran alboroto al hablar de las dos manos negras que acechaban al Estado, una de extrema izquierda y otra de extrema de derecha, las cuales “coinciden en tratar de romper el optimismo de los colombianos”. Pero el mandatario cometió una ligereza al identificar una de ellas.

“La de extrema izquierda son las Farc, que quieren a toda costa tratar de que la gente vea que todavía están fuertes”, dijo primero, y a renglón seguido habló de “la mano negra de la extrema derecha, la que no quiere que se repare a las víctimas, la que no quiere que se restituya la tierra a los campesinos; la que también quiere exagerar la inseguridad en el país, para decir que este país es un caos”. Identificar a las Farc como la extrema izquierda es llover sobre mojado; en cambio, cuando JMS habla de la extrema derecha, lo hace de manera muy gaseosa.

Al definir los extremismos de izquierda y de derecha, el Diccionario de Política de Bobbio, Matteucci y Pasquino dice que la diferencia entre uno y otro consiste en que el de izquierda proviene de “las clases que nunca han tenido”, mientras que el de derecha emana directamente de “clases y categorías sujetas a pérdidas repentinas de posición y de status y a una drástica reducción de su influencia política. Es el extremismo de quienes ‘tuvieron’, cuya acción política se vuelve hacia la defensa a ultranza y la reconquista de las prerrogativas político–sociales tradicionales”.

El Presidente no se atrevió a mencionar con
nombre propio a los halcones quizás porque
muchos de ellos fueron sus aliados o
simpatizantes
en la campaña presidencial.

Históricamente, quienes denunciaban en Colombia las maniobras de la extrema derecha eran los dirigentes de la izquierda, que por eso mismo eran acusados de resentidos y facinerosos; pero que lo haga alguien de las entrañas del establishment, como JMS, no deja de tener un especial significado.

No hay que poseer una inteligencia superior para identificar a los representantes de la llamada mano negra de la ultraderecha, esa versión criolla de los halcones de Washington; sin embargo el presidente no se atrevió a mencionarlos quizás, entre otras cosas, porque muchos de ellos fueron sus aliados o simpatizantes en la campaña presidencial.

El problema de hablar de las andanzas de la ultraderecha sin nombrar a sus dirigentes es el mismo en que se incurría hace un par de décadas cuando se hablaba de las ‘hazañas’ de la mafia sin mencionar a Pablo Escobar, los Rodríguez Orejuela, etcétera, personajes que muchos conocían, pero que pocos se atrevían a llamar por sus nombres; ya fuera por temor o porque directamente tenían algún vínculo con ellos.

JMS, que no es ningún ingenuo y sabe perfectamente quiénes son los halcones que lo acechan, no puede seguir con ambigüedades, sino que debe cortar el problema de raíz. Si no quiere que le saquen los ojos.

miércoles, junio 15, 2011

Ser y no ser

En la vida de todos nosotros hay unos vínculos que, pese a surgir inesperadamente, se vuelven indelebles; hay otras relaciones que uno trata de mantener sin éxito y algunas más que quisiera que nunca hubieran comenzado y son imposibles de romper. Hay lazos indisolubles como los de la familia, pero también están los amigos, definidos por alguien como los familiares que uno escoge.

En contraste, hay relaciones fantasmales, que uno no quisiera sacar nunca del recuerdo, pero que de vez en cuando se empeñan en reaparecer como espantos, en las ocasiones menos oportunas o en los momentos más inapropiados.

Hago esta larga introducción, para referirme a los ex. Pero no a los ex maridos, ex novios o ex amantes, al estilo Aleida, sino a los ex mandatarios; nacionales, locales, qué más da. En países como Estados Unidos, por ejemplo, una vez concluidos sus períodos los ex presidentes se retiran en serio, dejando el paso libre a sus sucesores e interviniendo apenas cuando son invitados a celebrar un acontecimiento nacional o como colaboradores de alguna causa humanitaria.
Uribe es de esos que no aceptan ni están 
dispuestos a soportar “el dolor de ya no ser”,
como decía Gardel.
Hasta hace relativamente poco, los ex mandatarios de nuestro país seguían más o menos ese mismo patrón, pese a la persistencia de los medios en auscultar sus opiniones, en no pocas ocasiones acerca de asuntos irrelevantes. El mejor botón de muestra de esos líderes serios que yo recuerdo es el ex presidente Alberto Lleras Camargo, que desde su retiro en la Sabana de Bogotá, prácticamente nunca daba de qué hablar. Ni para bien ni para mal. Célebre por sus paseos campestres en bicicleta, el doctor Lleras fue discreto consejero de varios de sus sucesores, pero sin llegar nunca a hacer públicas sus opiniones sobre quienes lo reemplazaron en el despacho presidencial.

Hoy, el asunto es muy distinto. Desde antes de su posesión, el presidente Juan Manuel Santos recibe sin pausa venenosos dardos lanzados por su antecesor, quien no se resigna a que las cosas no se hagan a su manera. Álvaro Uribe no ha podido asimilar que ya no tiene el poder y cada vez escala un peldaño más en su ya poco disimulado sabotaje al gobierno de su ex pupilo, quien sagazmente ha sabido capotear todos los enviones de su antiguo jefe.

Actuando en forma muy astuta, Santos nunca se refiere a Uribe sino para ensalzarlo, así éste le haya acabado de infligir un nuevo varillazo. Sin embargo, como el buen jugador de póker de antaño, JMS hace su juego y va acomodando sus cartas, una tras otra, a medida que su admirado antecesor se muerde los codos, a tiempo que lanza sus diatribas vía Twitter, en emisoras de provincia o en sus ya poco concurridos talleres democráticos.

Definitivamente Uribe es de esos que no aceptan ni están dispuestos a soportar “el dolor de ya no ser”, como decía Gardel.

lunes, junio 13, 2011

Las sillas vacías

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Momento en el cual el ex presidente Álvaro Uribe (en el círculo amarillo, a la izquierda)se dirige a la concurrencia en un multitudinario acto realizado el sábado pasado en Pereira.El mejor mandatario que ha tenido Colombia en toda su historia estuvo acompañado por su fiel escudero Juan Lozano, a la derecha, quien con su carisma y vehemencia congregó a miles de simpatizantes.
NOTA: Lo que parecen sillas vacías en realidad son sillas vacías.

jueves, junio 09, 2011

Reflexiones de un retiro

Cuando me retiré del Partido Verde, a comienzos de marzo pasado, Antanas Mockus me escribió una carta, pidiéndome que recapacitara y que diera la pelea desde dentro de esa organización. Yo le contesté declinando su amable invitación, porque el mal de Peñalosa y sus coqueteos con Álvaro Uribe ya se veía irreversible. A propósito del retiro de Antanas de las toldas verdes, hago públicos algunos apartes de esa respuesta, que contiene alusiones a muchas cosas que a mí también me parecieron muy difíciles de digerir.
“Desde el año pasado –usted lo debe recordar– yo he echado de menos en la plataforma del Partido Verde un sólido componente ambiental. Luego, con el correr de los meses y luego de las tragedias mineras, las inundaciones y el asunto de la explotación minera indiscriminada, creo que el partido ha faltado a lo que deberían ser sus compromisos con la ecología, el medioambiente y el desarrollo sostenible. Y si a eso sumamos la indiferencia con que los representantes y voceros del Partido Verde han asumido la cuestión taurina, el panorama es poco prometedor. No basta con emitir un comunicado o dejar una constancia; el Partido Verde debería hacerse oír todo el tiempo en defensa de las causas ambientales y eso no ha pasado ni está pasando. Así lo dije en la campaña y así lo sigo creyendo. Ese fue, digamos, el primer campanazo interno que me hizo cuestionar mi militancia en la Ola Verde.

Y si a ese descontento ecológico se suma el acercamiento absurdo del actual candidato a la Alcaldía de Bogotá con un ex presidente que viene de la antípoda del ideario que usted ha forjado a lo largo de su carrera política y con el cual se ha ganado no sólo nuestro respaldo, sino nuestro respeto y cariño, mi incomodidad ya se volvió insoportable.

Como es obvio, nunca habría de ponerlo a usted en la incómoda tarea de justificarse o de justificar las acciones del partido. No soy tan importante ni tan soberbio; soy apenas un ciudadano más, y no tengo derecho a pedir una rendición de cuentas ni nada que se le parezca sobre los procederes del Partido.

No obstante lo anterior, quedé aterrado desde que vi al ahora candidato oficial del Partido Verde implorando por el apoyo de un cuestionado ex presidente, con todo lo que representa y su discutible estilo peculiar de concebir y hacer política; estilo que usted mismo no comparte y ha rechazado en reiteradas ocasiones, no sólo esta semana sino en un pasado menos reciente. Por eso me causó mucha extrañeza y no poco dolor que, al proclamar al ahora candidato oficial del Partido, usted supuestamente hubiera resuelto poner por encima los intereses de Bogotá, dejando de lado las diferencias personales con personajes como el ex presidente de marras.

Aunque esa decisión podría verse como un acto de generosidad de su parte, es indudable que al analizarlo con detenimiento se deducía que se trataba de algo más: con esa declaración suya se estaban echando por tierra unos principios a cambio de una posible victoria electoral. Y ese no es usted. Ese no es su estilo. Ese no es su talante. Ese no es el Antanas por el que miles de colombianos soportaban estoicamente un aguacero en las plazas colombianas.

Usted nos ha inculcado que en política no todo vale. Y así lo vivimos en la campaña presidencial del año pasado. Lo suyo es el juego limpio, la legalidad y la meritocracia; principios que se contradicen con la forma de gobernar que azotó a este país entre 2002 y 2010 y que usted, en una hermosa campaña, quiso erradicar. Es verdad que no logramos plenamente nuestro objetivo, pero no todo se perdió. La gente vio que había otra forma de hacer política, que había caminos limpios para acceder al poder. Y aunque perdimos estrepitosamente, lo hicimos con dignidad, lloramos la derrota con orgullo y con el alma limpia.

[...]No quiero apoyar un Partido postrado ante la politiquería, ni pactando con maestros de la trampa y expertos en la cultura del atajo.[...]

En la campaña para la Alcaldía de Bogotá –la más importante del país– se necesita un candidato que lleve con ímpetu las banderas del juego limpio, la decencia y el cambio de las costumbres políticas. Las banderas de la protección del medioambiente. Las banderas de la defensa de los animales, esenciales en cualquier partido que se autoproclame como verde. Con lo que hemos visto en las últimas semanas, el ahora candidato oficial tal vez represente la institucionalidad del Partido Verde, pero no representa a miles de militantes que como yo, se sienten defraudados. Y no los representa porque para él está primero su interés de llegar al Palacio Liévano sin importar cómo ni con quién. De hecho, parece estar haciendo campaña más por fuera que por dentro del Partido.

Si alguien más recogiera esas banderas y rescatara la maltratada dignidad del Partido, puede tener la certeza de que millones de manos lo estarán apoyando. Y lo haremos con infinito entusiasmo, con el más profundo deseo de recuperar la esperanza y, lo más importante, con la conciencia tranquila. Tal y como usted nos ha enseñado a participar en política”.

Las noticias que no son

Una de las ventajas de ser periodista en Colombia es que aquí uno nunca se vara en materia informativa; los temas son inagotables. Por lo menos esa es la creencia popular. Y a juzgar por la cantidad de titulares sobre corrupción, tragedias o inseguridad, en efecto, parecería sencillo ejercer el oficio de opinar e informar. La situación aquí es tan compleja, los problemas son tan vastos, que cualquiera podría suponer que este es un paraíso informativo.

Sin embargo, esta situación, que para muchos periodistas de otras latitudes sería una fuente infinita de datos para grandes reportajes, exhaustivas investigaciones, conmovedoras crónicas, interesantes entrevistas o profundos editoriales, en nuestro medio (o en nuestros medios) termina convertida en un cúmulo de noticias superficiales que se suceden una tras otra y que terminan siendo poco menos que flor de un día.

El martes nos levantamos con la denuncia de Daniel Coronell, donde contaba que la doctora Paola Vergara, esposa del ministro de Comercio Exterior, Sergio Díaz-Granados, fue asesora (primero interna y después externa) de Saludcoop hasta el pasado mes, cuando esta entidad fue intervenida por el gobierno. Pese a que la Superintendencia de Industria y Comercio, entidad que supuestamente vigila a Saludcoop, está adscrita a su despacho, el ministro ni se inmuta y no cree que su esposa haya cometido irregularidad alguna, motivo por el cual no cree que le deba explicar nada a nadie. Y de renunciar ni hablar. Y hasta ahí llegó el asunto. Los medios, con escasas excepciones, agachan la cabeza; el Vicepresidente, Angelino Garzón, respalda al ministro y aquí no pasa nada…

Y si antes de ayer la noticia eran las indelicadezas ministeriales, ayer el turno fue para la violencia, tras la masacre de cuatro policías en el Cauca, a manos de las FARC, y el asesinato de Ana Fabricia Córdoba, una líder de desplazados en la capital de Antioquia, cuyo ‘crimen’ fue reclamar la tierra de la cual fue despojada por los paramilitares. Ana Fabricia, quien ya había advertido inútilmente sobre el riesgo que corría su vida, fue “acribillada a bala por sicarios, cuando se transportaba en un bus urbano por el nororiente de Medellín”, según reporte de Caracol Radio. Este terrible hecho se produjo sólo unos pocos días después de la aprobación en el Congreso de la Ley de Víctimas, cuyo propósito, justamente, es proteger a personas como Ana Fabricia, que, bajo amenazas de grupos armados, han tenido que abandonar sus lugares de origen.

No obstante su gravedad, el asesinato de esta mujer no clasificó para ser incluido en las ediciones impresas de los periódicos bogotanos, concentrados en otros asuntos más importantes. Una confirmación más de la ligereza con que actuamos los periodistas en este país tan noticioso.

Pero no se preocupen, mañana los esperamos con más noticias del entretenimiento…

miércoles, junio 01, 2011

El omnipotente ‘sabelonada’

YO SÉ QUE PARA ALGUNOS resulta incómodo leer y releer escritos referidos con excesiva frecuencia a unos pocos temas o a unos mismos personajes. En mi caso, por ejemplo, no crean que siento un especial placer cuando hablo del ex presidente Álvaro Uribe y los asuntos (o mejor: los expedientes) que tienen que ver con él. Sin embargo, como cada día se destapa un nuevo escándalo, se conoce un nuevo caso de corrupción, se denuncia una nueva maniobra fraudulenta, acciones todas cometidas durante su administración y en las cuales intervinieron funcionarios muy cercanos a su entorno, resulta inevitable hacer una y otra mención del ex mandatario que se resiste a jubilarse.

Las denuncias de la ‘piñata’ de los títulos mineros denunciada el lunes pasado son apenas un eslabón más en la cadena de corrupción que también salpicó a la Dirección de Estupefacientes, al Fondelibertad, al Fosyga, etcétera.

Una de las cualidades que supuestamente tenía el primer chalán de la nación es que trabajaba sin pausa y visitaba religiosamente todos los rincones de la patria, para conocer de cerca los problemas y las necesidades de los colombianos. “Un país no se puede gobernar desde un escritorio en Bogotá”, solía decir en jactanciosas declaraciones y por eso iba a repartir abrazos y cheques en los más apartados rincones de la geografía nacional. También se ufanaba de estar en contacto permanente con todos los comandantes de brigadas y batallones, a quienes llevaba mensajes de afecto, respeto y solidaridad de todos sus compatriotas y de quienes recibía todos los pormenores de los profundos avances logrados con su doctrina de seguridad democrática.

No obstante lo anterior, el máximo exponente de la microgerencia en la historia presidencial de esta república nunca pudo darse cuenta de todas las atrocidades humanitarias, administrativas, jurídicas, políticas y de corrupción que ocurrían a su alrededor, en sus círculos más cercanos e incluso dentro del propio palacio presidencial.

El de los falsos positivos es el más repugnante de todos estos casos que, curiosamente, tomaron por sorpresa al aguerrido mandatario, que nunca supo nada, sino cuando ya fue demasiado tarde. ¿Cómo explicar que, pese a tantas alertas encendidas por las organizaciones humanitarias, el gobernante no supiera que muchos militares asesinaban civiles para hacerlos pasar como guerrilleros muertos en combate? ¿Para qué le servían las visitas a las guarniciones y batallones en los parajes más recónditos del país? ¿Nunca oyó nada? ¿Nunca leyó una sola noticia con los reportes que daban cuenta de estos crímenes?

¿Cómo es posible que la inteligencia del estado le fallara al paladín de la seguridad en asuntos tan cruciales como las actividades ilegales que adelantaban sus funcionarios? Ah, cierto que los servicios de inteligencia estaban dedicados era a espiar periodistas, jueces y políticos contradictores, en vez de estar persiguiendo a los maleantes de verdad.