Aunque no suelo coincidir con las apreciaciones del Predicador General de la Nación, Alejandro Ordóñez, debo decir que apoyo la solicitud que le hizo al señor Presidente de la República para que aclare a quién se refiere cuando habla de la mano negra de la extrema derecha.
Me parece que el término mano negra es un eufemismo al que están acudiendo ya no sólo Juan Manuel Santos, sino también otros altos funcionarios del Estado para referirse a fuerzas o personajes que sin lugar a dudas pretenden desestabilizar el país a punta de pánico, ya sea por medio de rumores o de acciones más radicales, como el petardo contra la efigie de Laureano Gómez en el norte de Bogotá.
Los recientes hechos de violencia cometidos por las Farc -como el asesinato del comandante de la Policía de Carreteras en Antioquia, por citar el más reciente- les han servido de pretexto a los halcones criollos para reforzar la tesis de que las bondades de la seguridad democrática se están desvaneciendo bajo la administración de JMS.
Pero el orden público no es la única ni la más genuina preocupación de esos despojados de influencia, que añoran la política de mano dura de los anteriores ocho años. La ley de víctimas y la restitución de tierras los tienen enervados al punto de que no desperdician oportunidad de tirarle palos a la rueda de las reformas anunciadas por el actual gobierno, por medio de las cuales se busca resarcir, al menos en parte, a miles de colombianos que han sido arrancados de su terruño o que han perdido a sus familiares en un conflicto que el ex presidente Álvaro Uribe, sistemáticamente, se negó a reconocer.
Los ex amigos incondicionales de JMS ocultan sus desavenencias con el mandatario bajo el manto del supuesto retroceso de la seguridad.
Personajes muy recalcitrantes de la derecha, encabezados por el propio Uribe, y entre los que se encuentran Fernando Londoño, José Obdulio Gaviria, Saúl Hernández Bolívar, Enrique Gómez Hurtado, Ernesto Yamhure y muchos otros del mismo corte, se han opuesto ferozmente a dichas reformas, acudiendo a los más rebuscados argumentos. Sin embargo, estos ex incondicionales de JMS ocultan sus desavenencias con el mandatario bajo el manto del supuesto retroceso de la seguridad.
Si JMS no les pone el tatequieto a todos ellos la situación se le va a volver insostenible, pues con cada acción de la delincuencia van a activar las sirenas con el único propósito de deslegitimar su gobierno. Enrique Gómez, por ejemplo, es un experto en esas maniobras. No hay que olvidar que en la época de Virgilio Barco, soterradamente, propuso un golpe de Estado, con el argumento de que al Presidente la situación se le había salido de las manos.
Si Santos quiere que su mandato llegue a feliz término tiene que arreglar las cargas con sus ex amigos con la misma astucia que lo ha hecho con sus antiguos enemigos.



