miércoles, febrero 23, 2011

La autocensura que no es

Para quienes vivimos en el mundo periodístico la censura, simplemente, es el coco al que nunca nos quisiéramos enfrentar. En teoría, la Constitución del 91, según el artículo 20, “garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información”. Y más adelante dice escuetamente: “No habrá censura”. Sin embargo, por experiencia propia y por lo que han vivido muchos colegas, puedo decir que en Colombia la mordaza existe y se usa unas veces más sutilmente que otras. En unas ocasiones la imponen agentes del gobierno y en otras, entidades o personas particulares (delincuentes y actores armados incluidos).

Se supone que en Colombia el gobierno no controla la información que publican los medios de comunicación. Sin embargo, no es raro que, abierta o soterradamente, los gobernantes les pidan ‘compostura’ a los directores alegando razones de seguridad nacional o invocando una mal entendida solidaridad para defender las instituciones; fenómeno que no sólo ocurre en Colombia sino que, gracias a la guerra contra el terrorismo, o a las revelaciones de WikiLeaks, se ha presentado aun en Estados Unidos, país símbolo de la libertad, donde la independencia de la prensa dizque era sagrada.

Para muchos editores el hecho de tocar ciertos temas o referirse a determinados personajes puede significar no sólo la estigmatización sino el fin mismo de su medio de comunicación. Y para no pocos colaboradores esa osadía puede terminar convertida en un despido fulminante (recordemos el caso de Klim, en El Tiempo) o en una condena a muerte, como se puede apreciar en la larga la lista de periodistas colombianos que han caído víctimas de quienes los consideraban un estorbo, empezando por Guillermo Cano.

Esa amenaza es aún más tangible en ciudades pequeñas e intermedias, donde los periodistas prácticamente tienen que convivir en la cotidianidad con las personas a las que denuncian, llámense políticos corruptos, narcotraficantes, pandilleros, proxenetas, contrabandistas, guerrilleros o paramilitares. Allí la censura se ejerce a plomo limpio y la información con frecuencia está supeditada a intereses particulares, pues muchos de los que se atreven a incumplir unos preceptos impuestos terminan con una lápida en la espalda o huyendo para proteger su existencia.

Yo no culpo a quienes en situaciones extremas deciden callar (cada quien es dueño de su propio miedo), pero tampoco diría que se autocensuran. Ellos, a sabiendas de que el riesgo es real, optan por un silencio que en sus casos significa salvar la vida o mantener un trabajo que escasamente les permite subsistir. Uno, en un sano ejercicio de autocrítica, puede abstenerse de publicar algo por cuestiones de calidad, pero cuando es por temor a las consecuencias, dicha conducta no debería considerarse autocensura, pues esto implica trasladar la responsabilidad al periodista, cuando en realidad no es más que una víctima.

domingo, febrero 20, 2011

Operación saque

Después de las revelaciones de WikiLeaks sobre la Operación Jaque, recordé esto, que escribí en julio del año pasado. El río ya empezaba a sonar.
(Y ahora, con el documental de Gonzalo Guillén, la tesis del rescate pagado recobra vigencia).
Si uno revisa el pasado reciente, descubre que, al mejor estilo de Uribe, cada logro de Juan Manuel Santos tiene detrás alguna irregularidad. La operación Fénix, donde murió Raúl Reyes fue un éxito, nadie lo duda, pero implicó la invasión a Ecuador. La operación Jaque, que nos llenó de alegría, estuvo manchada con el uso indebido de los emblemas de la Cruz Roja y varios medios de comunicación. También se dice que en esa “operación perfecta” hubo sobornos y otras conductas no muy claras; no sería raro.

viernes, febrero 11, 2011

Mi casa en Cataluña

Hay centenarios que resulta muy grato registrar, como es el caso de la Fundación Casa América Catalunya, una institución que justamente se apresta a celebrar su primer siglo en 2011, en medio de la gratitud de sus numerosos huéspedes y asiduos visitantes, que saben que en sus paredes y salones siempre hay un espacio especialmente destinado al conocimiento y el entendimiento entre los pueblos de América Latina con Cataluña y España; así como a la preservación de las libertades ciudadanas y la promoción y defensa de los derechos humanos.

La Casa América Catalunya fue fundada en 1911 como Casa de América de Barcelona y se fusionó en 1980 con el Instituto Catalán de Cooperación Iberoamericana, y siempre ha tenido como norte fortalecer los vínculos de los catalanes con los habitantes de este lado del charco. Para lograrlo trabajan muy estrechamente con organizaciones culturales de toda Iberoamérica, lo mismo que con los consulados latinoamericanos, pese a lo cual no se han dejado contagiar del acartonamiento del mundo diplomático.

No puedo hablar de lo que ha sido un siglo entero para Casa América Catalunya, pero sí puedo dar testimonio de esta última década, tiempo que me ha servido para comprobar que esta institución se ha convertido en el primer puente (si no el único) por medio del cual muchos latinoamericanos tenemos acceso a Europa y en especial a España.

En esta Casa han sido alojados con sus ideas –muchas veces incorrectas a ojos de la mojigatería política e intelectual– innumerables escritores, opinadores, dramaturgos, artistas, cineastas, humoristas, fotógrafos y, en fin, creadores, que han recibido el apoyo que en sus lugares de origen les ha sido negado; ya sea por sus posiciones críticas o por simple falta de recursos, en países donde la inversión en cultura tiene que cederle el presupuesto a la lucha no siempre exitosa contra la miseria, a la ambición desmedida de los corruptos o a los gastos para la guerra, como ocurre en Colombia, país que además sigue padeciendo los otros dos flagelos.

Casa América Catalunya se ha convertido, además, en un espacio de divulgación e intercambio, de discusión y de encuentro, no sólo entre los latinoamericanos y los españoles, sino también entre los que llegamos de la otra orilla del Atlántico, que hemos descubierto que la forma más corta para ir de Argentina a México, de Colombia a Bolivia, o de Venezuela a Chile, es pasando por Barcelona.

En esta Casa, como si fuera poco, hemos tenido a unos anfitriones que, más allá de cumplir con lujo su trabajo, se convierten en guías poco convencionales y cómplices desenfadados de nuestras visitas a esa maravillosa ciudad en la que el tiempo, medido en días o en semanas, nunca va a ser suficiente.

Gracias a su hospitalidad y generosidad, y sin necesidad de ser grandes inversionistas inmobiliarios ni magnates de los medios, muchos latinoamericanos del común también podemos ufanarnos de tener una casa en Cataluña.

Carta de un desesperado

Por considerarlo de interés para los lectores (y también inusual y divertido), reproduzco este mensaje, tomado y traducido de la página http://damnedlove.com/
Ella sólo quiere tirar. Sí, eso es todo, ella sólo vive hambrienta de sexo.... Sí, yo soy un hombre feliz, pero cada vez que intento iniciar una conversación seria con ella.... ahí está: salta sobre mí ¡y tenemos un par de horas de sexo salvaje! Fue sorprendente al principio, pero ahora tengo que estar seguro de que no es sólo eso lo que quiere de mí. Estoy dispuesto a pasar el resto de mi vida con ella, pero ¿qué pasa con ella? Yo no soy la clase de persona que se queda esperando una respuesta; por eso le pregunté en forma directa y clara si ella me quería y si quería estar junto a mí, haciendo planes para el futuro y así sucesivamente... ¡y nada! En vez de responder, nuevamente ¡saltó sobre mí...!