lunes, noviembre 29, 2010

Un equipo de verdad

¿Querían saber por qué equipo voy? Espero que esta foto sea suficiente respuesta.


Confesión


Pues sí, lo admito: soy uno de los encapuchados de Twitter, denunciados por el doctor Álvaro Uribe, pero no ofrezco colaborar con la Justicia, ni pienso irme a pedir asilo. Conmigo no cuenten, no diré ni pío.

domingo, noviembre 28, 2010

El conmutador del DAS

Esta caricatura fue publicada en Semana en febrero de 2009, pero viene como anillo al dedo.

jueves, noviembre 25, 2010

Décadas de nostalgia

Con la llegada de diciembre se aproxima el final de uno de estos años terminados en cero, que vienen cargados de nostalgias atropelladas por cosas que han ocurrido en las últimas décadas.

En lo personal, recuerdo que el 20 enero de 1970, con escasos seis años, fui matriculado para entrar a primero de primaria en la Escuela Simón Bolívar, de Armenia. Yo no supe lo que era un kínder, ni prekínder ni transición, pues en mi barrio eso no se usaba.

También en 1970, el ex dictador Gustavo Rojas Pinilla perdió misteriosamente las elecciones presidenciales frente a Misael Pastrana Borrero, en una fecha que habría de convertirse luego en nombre de grupo guerrillero: el 19 de abril.

Diez años más tarde, otro 20 de enero, ocurrió la tragedia de las corralejas en Sincelejo, cuando se derrumbaron unos palcos y murieron decenas de personas. Por alguna razón que no tengo muy clara ese siniestro se me quedó en la cabeza y hasta no hace mucho conservaba un periódico que registraba esos dolorosos hechos.

El final de ese año estuvo también recargado de noticias. El 4 de noviembre de 1980 Ronald Reagan ganó las elecciones presidenciales de Estados Unidos y el 8 de diciembre John Lennon, de 40 años, caía mortalmente herido a la entrada del edificio Dakota, en Nueva York.

Por mi parte, el 28 de noviembre del 80, a los 16 años, recibí mi cartón de bachiller del INEM de Kennedy, en Bogotá, y dos días después entré a prestar servicio militar al Batallón Guardia Presidencial, donde estuve 360 días exactos. Por eso me daba risa cuando un tiempo después el general Harold Bedoya decía que el ejército colombiano no reclutaba menores de edad. Yo tuve libreta militar antes que cédula de ciudadanía.

En 1990, tuvimos uno de los más espantosos procesos electorales de la historia: con apenas semanas de diferencia fueron asesinados dos candidatos presidenciales (Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro), y tras una luctuosa campaña, llegó a la Casa de Nariño César Gaviria, quien impulsó la apertura económica y bajo cuyo gobierno se promulgó la Constitución del 91, que tanto le fastidia a Uribe.

Por otro lado, ese año El Siglo dio un paso muy audaz: se convirtió en El Nuevo Siglo y fue el primer diario nacional que pasó de formato universal a tabloide, tendencia que luego han seguido otros importantes periódicos alrededor del mundo.

En 2000 Alejandro Santos fue nombrado director de Semana; el niño cubano Elián González volvió a Cuba y a finales de año se llevaron a cabo las elecciones presidenciales más vergonzosas que se recuerdan en Estados Unidos, en las cuales, luego de un tedioso proceso y una prolongada espera, George W. Bush le ganó a Al Gore.

El año 2000 era también el primer bisiesto que terminaba en doble cero, desde hacía 400 años; el próximo será 2400, fecha en la cual ya no estaremos por aquí.

jueves, noviembre 18, 2010

Herramienta de creación

El periodismo nos da a quienes vivimos en el mundo de los medios ciertas oportunidades que otros profesionales no disfrutan. Uno de esos privilegios fue el que tuve el viernes de la semana pasada cuando, gracias a una invitación de la Embajada de Alemania, pude conocer un lugar muy especial.

Cuando empezaron los arreglos para el viaje a la patria de Goethe, Beethoven, Böll o Grass, entre otros ilustres personajes, mis anfitriones me ofrecieron la posibilidad de ir a dos ciudades diferentes y me pidieron que propusiera qué actividades quería adelantar en cada sitio. Desde luego en mis planes no podía faltar Berlín, ciudad que ya conocía, pero a la que nunca me canso de volver. Pensar en mi segundo destino no fue tampoco muy difícil, pues hacía tiempo quería volver a Núremberg, sede no sólo del primer tribunal internacional de justicia, sino también de una fábrica muy cercana a mi vida personal y profesional.

Ya en el viaje, tras varios días de encuentros con algunos periodistas y citas con funcionarios del gobierno en la capital federal, el tren me llevó a Núremberg, la segunda ciudad de Baviera, después de Múnich, donde además nació Alberto Durero, el mejor artista alemán del Renacimiento. Aunque tuve en esa pequeña localidad dos actividades muy interesantes pero muy distintas, por cuestiones de espacio me voy a referir sólo a una: la visita a la planta de Faber-Castell.

Muchos colegas que han ido a Alemania se ponen felices yendo a las sedes de Mercedes Benz, Audi, Porsche o BMW, lugares que sin duda deben ser espectaculares y que me gustaría conocer algún día. Sin embargo, para mí, era un sueño ver cómo se hace algo tan simple y tan noble como un lápiz.

Sobra decir que todos mis dibujos empiezan con un lápiz, pero más allá de esta personalísima alusión, resultaría imposible imaginar cuántas grandes obras del arte universal comenzaron con un lápiz. Aun en plena era digital muchos pintores, arquitectos, músicos o diseñadores esbozan sus proyectos con un lápiz. Incluso a Bill Gates, en una rueda de prensa, lo vi tomar nota de las preguntas que le hacían los periodistas con un lápiz. Una filósofa que conozco no escribe sus apresurados apuntes y sus profundas reflexiones si no es con lápiz; y, en contraste, los niños que quieren representar sus primeras ideas lo hacen también con un lápiz.

Ver paso a paso la elaboración de esa humilde y poderosa herramienta, ver cómo unas tablitas de madera terminan convertidas en semejante utensilio, es un placer indescriptible; sólo comparable con el que sentiría un chiquillo en una fábrica de chocolates.

Gracias a esa visita supe que la hechura de un lápiz requiere 180 pasos, que el grafito es un mineral y que la marca Faber-Castell lleva el acento en la última sílaba. Y lo más importante: entendí que el lápiz no es un instrumento de escritura sino una herramienta de creación.

jueves, noviembre 11, 2010

9 de noviembre

Esta es una semana de recuerdos agridulces tanto en Berlín como en el resto de Alemania. Por un lado, un nueve de noviembre, en 1938, se llevó a cabo la Noche de los Cristales Rotos, aquella jornada fatídica en que los nazis rompieron las vitrinas de los negocios de los judíos y atacaron las sinagogas y los hogares a lo largo y ancho de todo el país. Estos hechos, en los cuales también fueron atacados almacenes y templos judíos en Austria, podrían ser considerados como el primer campanazo de alerta de lo que pasó pocos meses después, cuando la campaña de exterminio antisemita se volvió inatajable y habría de quedar registrada como la peor vergüenza de la historia de Alemania.

En contraste con lo anterior, otro 9 de noviembre, en 1989, se produjo la caída del muro de Berlín, que marcó el comienzo del colapso de los regímenes socialistas de Europa Oriental y que dio paso a la reunificación de un país dividido durante décadas.

Como es obvio cada una de estas conmemoraciones tiene un carácter particular y es abordada de diferentes maneras en Alemania tanto por las autoridades como por sus habitantes.

Para algunos líderes judíos el significado de la Noche de los Cristales Rotos ha perdido importancia y no pocos temen incluso que pase al olvido, al igual que la historia misma del Holocausto. Sin embargo, a juzgar por el cubrimiento que los medios han hecho de este acontecimiento podría decirse que dicha percepción carece, en parte, de fundamento.

A pesar de lo anterior, es evidente que la memoria de los alemanes de hoy es más sensible al recuerdo de las jornadas de júbilo de noviembre de 1989, cuyas imágenes están aún frescas en la memoria de millones de personas que vivieron el fenómeno en persona o lo apreciaron en vivo a través de los medios.

Así y todo, la celebración de la Caída del Muro no congrega de manera generalizada a la población y, así como hay judíos que se lamentan por la indiferencia respecto a la Noche de los Cristales Rotos, hay muchos otros alemanes que preferirían que el recuerdo de los hechos de 1989 fuera más solemne, pues de hecho hay jóvenes que no sólo desconocen su significado, sino que ignoran que alguna vez hubo una pared que dividía una ciudad y un mundo.

Sea como fuere, lo cierto del caso es que para los alemanes noviembre comienza con muchos sentimientos encontrados, ya que las citadas fechas marcan de cierta manera el inicio y el final de un capítulo de la historia que no se ha cerrado del todo, pues así como la Noche de los Cristales Rotos fue el principio de una negra y dolorosa etapa, la Caída del Muro fue también el comienzo de un complejo proceso nacional de reintegración que aún sigue en curso, con no pocos tropiezos, y que todavía está muy lejos de completarse.

jueves, noviembre 04, 2010

La última paradoja de Garavito

Pocas semanas antes de morir en Estados Unidos, Fernando Garavito se cruzó los últimos mensajes con su amigo, el sacerdote jesuita Hermann Rodríguez. En ellos, el religioso le envió al periodista las lecturas y la homilía pronunciadas en el sepelio de su padre, fallecido hace un mes. Fiel a su condición, Garavito le respondió así:
“Participé de la ceremonia repasando las lecturas […] Muchas gracias por haberme hecho partícipe de esos momentos, que son tan íntimos y tan terriblemente duros de vivir.

Aunque de tus palabras se saca en claro por qué escogiste la lectura de Job, no estoy muy de acuerdo con ella. Sé que es un libro profundo, y conozco la traducción que de él hizo fray Luis de León. Pero nunca me ha gustado, porque en el fondo plantea que todo es recuperable. Dios puede hacer lo que considere bueno para sus hijos, de modo que convierte a Job de rico en mendigo y de mendigo en un auténtico capitalista (como se desprende de la enumeración de sus bienes). Pero nunca me ha gustado que Job, sin más ni más, aceptó perder a su primera mujer y sus hijos, que murieron y desaparecieron, y luego vivió muy feliz teniendo otra mujer y otros hijos. Yo no he sido un modelo de vida, pero, precisamente por no haberlo sido, pienso que sólo hay una familia, una familia como la tuya, una familia como la que yo intenté hacer con Priscilla, con una sola pareja y unos hijos. Job acepta los designios de Dios. Yo los acepto pero prefiero no proclamar que mis nuevas hijas son las más lindas de Judea... Si es así, ¿las primeras fueron feas? ¿Eso es lo que dice Job?

Te repito que, como siempre, estoy en proceso de aprender. Pero, por favor, cuando yo me muera no vayas a incluir de ninguna manera en las lecturas el libro de Job. Ya veremos si de aquí a mi muerte logro entender de qué se trata. Y si lo logro, te aviso”.
La advertencia de Garavito resultó premonitoria, no sólo por la llegada intempestiva de su propia muerte, sino porque las lecturas que correspondían al día de su entierro eran tomadas del libro de Job. Así que sus deseos litúrgicos no pudieron ser cumplidos y sus honras fúnebres, tanto en su adoptivo Nuevo México como en su natal Bogotá, fueron ambientadas por el santo de marras.

En la ceremonia de Bogotá, el padre Hermann leyó otros versículos de Job, incluidos en el último mensaje que le envió a Garavito:
“Entonces Job [...] exclamó: ‘Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí. El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó; ¡bendito sea el nombre del Señor!’ En todo esto, Job no pecó ni dijo nada indigno contra Dios”.
Palabras que igualmente podrían referirse a nuestro querido y común amigo. Paz en su tumba.