sábado, agosto 28, 2010

33 velitas

Reproduzco este sentido mensaje que me envió una amiga, en solidaridad con los mineros atrapados en una mina de Chile. Comparto sus reflexiones en un 101%.
Yo no sé a ustedes, pero a mí me tiene conmovida el valor y la templanza de los mineros chilenos. A mí por los menos, me están demostrando que los ‘superhombres’ existen. 33 velitas encendidas para que salgan con bien y para que tengan la fortaleza para aguantar esa prueba.

—Ana María Lalinde
[Texto e ilustración]

viernes, agosto 27, 2010

Un brindis por el guaro

Aprovechando el relax del fin de semana, comparto con ustedes este artículo en defensa del aguardiente...
Y recuerden: si van a beber, suelten las llaves.
En días pasados, fui a comer a uno de los nuevos restaurantes que hay en la calle 70 de Bogotá, en medio del intenso frío de las recientes noches capitalinas. Es uno de esos lugares que están de moda, frecuentados por colegas periodistas, uno que otro político y no pocos personajes de la farándula. Cuando me entregaron el menú me fui derecho a la sección de licores a buscar la mejor bebida posible para la ocasión: el aguardiente. Y como suele suceder en este tipo de establecimientos las marcas Néctar, Cristal o Antioqueño, por citar sólo unas, están desterradas de la lista de bebidas. Pensé que el comienzo de la noche iba a ser menos grato, y como el frío no se iba, pese a los grandes calentadores de ambiente, me arriesgué y le pregunté al mesero si tenían la cristalina medicina para la hipotermia. Y cuando el señor me sorprendió con un sí rotundo, su respuesta me sonó a dulce melodía de arrabal.

Traigo a colación esta breve y personalísima anécdota sólo como pretexto para referirme a la injusta discriminación de la que es objeto en nuestro país esa especie de bebida nacional. De nada o poco sirvió la revindicación que del aguardiente hiciera en su momento el presidente Belisario Betancur. Hoy en día no es posible encontrar un coctel donde a uno le ofrezcan aguardiente. Por alguna razón, que aún me parece incomprensible, la oferta tradicional está compuesta de güisqui (como dice la Academia de la Lengua), vodka o vino. Pero del guarito, ni hablar. Y si uno le pregunta al mesero, éste adopta una actitud de pocos amigos y, creyéndose el anfitrión de la noche, le espeta a uno la desobligante negativa.

Y de los clubes ni se diga. Aunque yo no pertenezco a ninguno –porque, como decía Groucho Marx, me niego a pertenecer a un club que admita como socio a personas como yo– de vez en cuando es inevitable asistir a algún evento en uno de tales establecimientos. Y, sólo para corroborar mi tesis, varias veces he hecho el experimento y de manera muy comedida les he preguntado a los meseros por el consabido trago. Quién dijo miedo. Si se les mentara la madre esos señores no lo mirarían a uno tan mal. “No señor, acá no se sirve aguardiente”, suelen responder, con una expresión bastante agria en su rostro.

Yo sé que hay tragos para cada ocasión y que para acompañar una carne no hay nada mejor que un buen vino, así como en un matrimonio sería un tanto extraño brindar con algo que no sea champaña. También es cierto que en otras oportunidades uno prefiere un vodka o un coñac y no un aguardiente, pero esa costumbre de excluir el aguardiente de ciertos lugares o celebraciones carece de todo fundamento. Por razones de salud no debe ser, pues el guayabo del aguardiente es prácticamente nulo, si se le compara con los devastadores efectos del vino o del vodka. Y por precio, el aguardiente lleva las de ganar. Queda la supuesta falta de clase, que tampoco tiene asidero, porque hasta donde yo he visto es tan insoportable alguien que se pasa de tragos tomando Johnnie Walker que alguien que lo hace con Néctar. ¿O será que el güisqui embriaga mientras que el aguardiente apenas emborrracha?

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Nota del autor: Este artículo fue escrito y publicado originalmente en 2004. V./

jueves, agosto 26, 2010

“La prohibición de las drogas, una fachada
jurídica”
: Álvaro Gómez Hurtado

En 1976, Álvaro Gómez Hurtado, director de ‘El Siglo’, escribió un editorial en el que hablaba de lo absurda que era la guerra contra las drogas. Hace 34 años, él –a quien tantos acusaban de retrógrado y no sé qué otras maravillas– puso el dedo sobre la llaga de una discusión que nadie ha querido dar con seriedad. Por eso reproduzco aquí esa nota, porque esos planteaminetos conservan intacta su vigencia.
¡Cómo nos cuesta, Señor Embajador, cómo nos cuesta!

• Colombia no es agente sino víctima de las drogas
• ¿Qué se puede hacer con un helicóptero contra la Corte?

Todos los colombianos intuimos la magnitud del problema de las drogas aunque carecemos casi completamente de estadísticas al respecto. Somos demasiados pobres para gastar dinero en averiguarlo y no sabemos exactamente para qué nos serviría, como no fuera para configurar la tesis de que estamos librando una batalla perdida de antemano. Nuestra falta de recursos no nos permite, por ejemplo, saber cuántos colombianos somos, porque no ha habido dinero suficiente para terminar el último censo, que parlo demás parece que se inició con vicios insubsa¬nables a posteriori. Nuestras Cuentas Nacionales, base indispensable para el manejo de la economía, se llevan con año y medio de retraso. Las estadísticas de criminalidad son apenas tentativas y tampoco resultan muy confiables las que atañen a nuestros niveles de escolaridad. De manera que cuando alguien afirma, en este caso parece que el Ministerio de Educación, que de cada diez alumnos de enseñanza secundaria, cuatro usan regularmente marihuana, el alcohol o las drogas farmacéuticas, puede estar diciendo la verdad, el doble de la verdad o la mitad de la verdad.

Aunque el pueblo colombiano no “parece” ser especialmente adicto a la droga, estaríamos muy lejos de considerarnos una excepción dentro de este flagelo, que aquí como en otras partes se registra más dramática¬mente entre cierta juventud de mayores recursos y más visiblemente entre la delincuencia. Si Colombia se destaca en el mundo no debe ser cierta¬mente por el elevado consumo interno de estupefacientes sino porque se ha convertido en un centro de producción y comercialización de la droga.

Ello se debe a condiciones peculiares, como la inmensidad de sus costas y fronteras, a lo abrupto del suelo y su fertilidad, a la habilidad manual y comercial de sus habitantes y sobre todo, al bajo costo de esta mano de obra inteligente que tiene, en términos de dólares, un ingreso desproporcionadamente bajo. Nos cayó en suerte que todas estas condiciones, más la ubicación geográfica, nos convirtieran en una estupenda base de opera¬ciones para las actividades ilícitas de la droga.

Si fuésemos realistas, la actitud de los colombianos debería ser la de levantar las manos en señal de impotencia y decirle a la opinión mundial que somos incapaces de luchar contra la droga. El simpático embajador de los Estados Unidos dice que en su país han calculado que se exporta de Colombia hacia los Estados Unidos entre una tonelada y una tonelada y media de cocaína cada mes. Es cifra aterradora, no tanto por la infraestructura que se necesita para producirla, que no parece ser mucha, sino por la magnitud del mercado que consigue.

Según la misma fuente informativa, durante todo el año de 1975, las autoridades colombianas no lograron decomisar sino 1.206 kilogramos de cocaína, lo cual quiere decir que once doceavas partes de ese letal producto cumplieron toda su operación –importaciones de materia prima, cultivos, refinanciación, empaques, contrabando y transporte– a pesar de los esfuerzos combinados de nuestra policía, nuestros guardas aduaneros, nuestros jueces y de un cuerpo especial destinado a la lucha contra los narcóticos. Es decir, que estamos fracasando rotundamente.

Nos hallamos de acuerdo con el embajador de los Estados Unidos en que hay que ir a la raíz misma de tan grave problema. Sólo que esa raíz no la encontramos aquí, en nuestra tierra, en la ineficiencia de nuestra policía o de nuestra administración de justicia, sino que está localizada en la diferencia de capacidad de pago que existe entre los consumidores norteamericanos y la del pobre Estado Colombiano. Se nos dice que hay en Norteamérica 400 mil adictos a la heroína, un millón de usuarios de anfetaminas y casi 300 mil ciudadanos adictos a los barbitúricos. Pues bien, esa porción de los habitantes de los Estados Unidos es mucho más rica que nuestro gobierno. Quienes la integran están en capacidad de sobornar, de comprar favores oficiales, de utilizar medios de comunicación y de transporte, mientras que las finanzas públicas de Colombia se hallan comprometidas en el sostenimiento elemental de nuestras instituciones. Cierto que los Estados Unidos gastan anualmente 17 mil millones de dólares en esta lucha y que nos han hecho una “donación” de seis millones de dólares para que cooperemos con ella. Pero esto no basta para establecer, ni remotamente, un equilibrio entre la potencia económica del delito internacional que nos ha escogido como base de operaciones y nuestra capacidad defensiva. Hoy la maffia que abastece los mercados ricos de los Estados Unidos tiene un dominio incontrastable entre nosotros, porque mata jueces, amedrenta a los investigadores y persigue a los periodistas que se le enfrentan. La prohibición de las drogas no es sino una fachada jurídica que nada tiene que ver con la realidad y que para lo único que sirve es para disimularla.

Si procediéramos con un criterio egoísta, tendríamos que aceptar que mientras más cocaína salga del país, tanto mejor para nosotros, porque resultaría más costosa para nuestros desventurados consumidores. Aplicaríamos cruelmente el dicho aquel de que “salga el alacrán de casa, píquele a quien le picare”.

Porque si los “gastos sociales” de este vicio en los Estados Unidos son altos “en términos de vidas arruinadas por la pérdida de productividad de los adictos y los programas de tratamiento y rehabilitación”, en Colombia tenemos que añadir otro, inconmensurable, más grave, difícil de recuperar: la pérdida de la moral administrativa. En esa lucha sin esperanza estamos sacrificando lo que nos queda de autoridad y de justicia. La corrupción sube todos los días por la escala administrativa. No hay que olvidar que la Corte Suprema de Justicia está pasando por uno de los peores momentos de su historia, precisamente por haber tolerado que se estableciera un trato directo entre sus miembros y los inferiores jerárquicos que tenían en su despacho la investigación de delitos de estupefacientes. Se nos dice que vamos a recibir unos aviones modernos y unos helicópteros. ¿Pero qué podemos hacer los colombianos con un helicóptero frente a la desmoralización de la Corte?

Es importante que no se desnaturalice el fenómeno de las drogas y que no se haga recaer la responsabilidad sobre quienes no la tienen. Tomando en cuenta la magnitud de los intereses que están en juego, podemos afirmar que Colombia no es el sujeto activo de ese tráfico; no es ni siquiera un cómplice de él, sino su víctima. Su mayor víctima, porque es la que más le cuesta.

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El Siglo, editorial, octubre 23 de 1976.

miércoles, agosto 25, 2010

A recomponer la diplomacia

La destitución del ex ministro del Interior Sabas Pretelt de la Vega, anunciada por la Procuraduría General de la Nación, es otra prueba de los pocos escrúpulos con que se manejó el país entre 2002 y 2010, período en el cual se le torció el pescuezo a la Constitución para saciar los apetitos mesiánicos del anterior inquilino de la Casa de Nari, proceso en el cual el gobierno no se detuvo ante ningún obstáculo jurídico ni político, pagando lo que hubiera que pagar, callando a quien fuera necesario.

La sanción contra el ex Ministro del Interior se suma a las de Teodolindo Avendaño y Yidis Medina, ex congresistas que han recibido sendas condenas de la Corte Suprema de Justicia por su participación en la componenda que permitió el trámite irregular de la reforma constitucional que en 2004 le abrió el paso a la reelección de Álvaro Uribe, el beneficiario final de los delitos cometidos por sus ex amigos y sus antiguos subalternos, quienes seguramente debieron actuar a sus espaldas.

Sin embargo, el recién estrenado ex presidente se pavonea por el mundo hablando de la honorabilidá y trasparencia con las que supuestamente gobernó. Y mientras trata de espantar las sombras de la ilegalidad y los escándalos que lo persiguen buscará escampadero en una universidad norteamericana, amparado además por el pasaporte diplomático que le debió extender el Secretario General de las Naciones Unidas. ¡Qué vergüenza!

Los ex ministros Diego Palacio y Sabas Pretelt, denunciados
por la ex representante a la Cámara Yidis Medina.
Adicionalmente, la condena contra nuestro flamante embajador en Roma vuelve a poner sobre el tapete el desprecio con el cual Uribe Vélez manejó la política exterior y las relaciones internacionales de Colombia. En sus dos gobiernos el servicio diplomático se convirtió en una caja menor para el pago de favores a congresistas, ministros, amigotes y periodistas, enviados al dulce exilio no por sus cualidades o conocimientos sino por los favores prestados al ruidoso chalán del Ubérrimo.

Gracias a esa curiosa forma de meritocracia tuvimos en las embajadas de Chile, Ecuador o Brasil, a polémicas figuras que tuvieron que salir de sus cargos por la puerta de atrás; o a personajes como Salvador Arana, Jorge Noguera o Sabas Pretelt, nombrados por Uribe aun a sabiendas de que se encontraban bajo investigación o tenían cuentas pendientes con las autoridades judiciales de nuestro país, motivo por el cual han tenido que pasar de las sedes diplomáticas a los tribunales.

En el patético caso de Italia, la situación podría repetirse (¡otra vez!) con el nuevo embajador en El Vaticano, César Mauricio Velásquez, quien tiene un proceso pendiente por las chuzadas del DAS y su reunión con el famoso ‘Job’ en el primer sótano de la Nación. ¿No le dará pena al gobierno colombiano con el de la Santa Sede tener que retirar al embajador por cuestiones penales? ¿No debería Velásquez tratar de evitarle otro sonrojo internacional al país? Buen reto para la nueva Canciller, que quiere darle un vuelco a nuestra desprestigiada política exterior.

¿Y cómo es él? Perfil de un pequinés



El pequinés es un perro pequeño, aunque de carácter fuerte y extremadamente celoso, lo cual significa que puede ladrar sin control, con el fin de llamar la atención.

Generalmente es una raza que ladra bastante, ya sea para pedir comida, puestos o becas; así como para hacerse notar o avisar que algo no le gusta (esto puede incluir la visita de alguna persona que sea inofensiva, pero que a él le puede parecer peligrosa).

Es una raza comúnmente sociable con otros animales, como lagartos, culebras, ratas, gallinazos, sapos y micos, aunque también puede ser apegado a la gente. Es fiel a su amo de turno, juguetón y cariñoso, pero debido a que le gusta hacerse notar, se enoja fácilmente. Es muy dependiente de sus amos, y a la vez muy dominante.

Es muy caprichoso y cuando oye algo que no le gusta comienza a ladrar de manera absurda, al igual que el píncher. Otra característica del pequinés es que necesita muy poco ejercicio, sobre todo intelectual, ya que es más bien pasivo y es menos inquieto que otras razas. En algunos casos, su adiestramiento puede ser tedioso, pues le gusta arrastrarse demasiado. El secreto está en saberlo ubicar adecuadamente en una posición cómoda; le encanta estar de rodillas.

El pequinés es de pequeño tamaño y aspecto fornido. La cabeza es maciza, con el cráneo ancho y chato entre las orejas. La nariz es pequeña, muy corta y ancha; el hocico es también ancho, y bien arrugado. Mandíbula inferior ancha y fuerte. Perfil chato, con la nariz colocada entre los ojos. Los ojos son grandes, oscuros, brillantes, pero no exageradamente saltones.

La boca es bien adaptada, según el amo, pero tiene una voz muy fuerte. No suele mostrar los dientes, pero le encanta lamer; en especial suelas de zapatos. Sin embargo no es muy dañino. El cuello es más bien corto y ancho. El pelaje es grueso, derecho; mientras que la piel es más bien áspera y tiene un cuero muy espeso. Se encuentra en todos los colores (desde rojo liberal hasta verdeamarillento, pasando por azul de metileno) y son generalamente sumisos cuando les dan un buen hueso.

Caricatura plagiada en el FB de Rafael Guarín

En abril de este año, en plena campaña electoral, el nuevo Viceministro de Defensa, Rafael Guarín, publicó en su página de Facebook una caricatura plagiada de mi autoría, a la cual le cambiaron el texto original, para ponerle una frase que la distorsionaba por completo. El nuevo cargo es una recompensa a los servicios prestados al entonces candidato JMS.



Al comparar la caricatura publicada en la página de Facebook de Guarín, con la original (abajo) es evidente que la intención era desacreditar al candidato del Partido Verde.



A raíz de este incidente, yo le envié a Guarín el siguiente mensaje: 
En una página suya en Facebook hay una caricatura mía con un texto falsificado. Hasta donde yo recuerdo eso es ilegal y usted como abogado lo debe saber. Así que le ruego que la retire de su página, puesto que me parece un abuso de su parte.
Saludos,
Vladdo
En ese momento, todo lo que Guarín respondió fue que a él se la habían mandado y no había verificado, y que no sabía que era falsa, porque él no leía Semana. Y eso que era columnista de semana.com.

Ante mi protesta, Guarín retiró la caricatura y publicó una aclaración muy pueril. Sin embargo, cuando lo llamaron de La W, a preguntarle por el asunto, se negó a pasar al teléfono.  Yo le envié la siguiente respuesta, con la cual di por cerrado el tema:

No me crea tan imbécil, Guarín. Por lo menos tenga el coraje de aceptar sus responsabilidades; sea un poquito decente.
Además, el mal ya quedó hecho y la caricatura seguramente seguirá circulando por la red, gracias a sus malas intenciones, de las cuales no se puede zafar.
Por otra parte, así la caricatura fuera auténtica, usted no tenía por qué publicarla en su Facebook, ya que los derechos de mis caricaturas son de Semana y míos, y usted a nadie le pidió autorización para usarla.
Si siente tan tranquilo, ¿por qué no quiso poner la cara en La W? Yo sé por qué: porque no tiene cómo explicar algo inexplicable.
Y no sea hipócrita llamándome “estimado”, a la vez que fusila mi trabajo con fines tan bajos...
V./

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Ese es el lujo de Viceministro de Defensa que vamos a tener. Claro que con Riverita como ministro tampoco es mucho lo que se pueda esperar

miércoles, agosto 18, 2010

Disculpen la interrupción

Qué pena con ustedes, que están tan emocionados celebrando el comienzo del gobierno de Juan Manuel Santos, pero creo que es demasiado pronto para cantar victoria (y para predecir desastres).

Muchos estamos gratamente sorprendidos con la escogencia del gabinete de JMS, pues la mayoría de los ministros parecen idóneos y preparados para desempeñar sus cargos y tratar de corregir las irregularidades y limpiar los escombros desparramados a lo largo y ancho del país, tras ocho años de desastre furibista.

Sin embargo, aunque han pasado escasos 12 días de la nueva administración, no es muy temprano para recordar que el señor Santos hizo parte del gobierno que lo precedió y que dejó este país sumido en la más honda desigualdad del continente, con unos índices injustificables de miseria, en una época en la que supuestamente tuvimos un crecimiento récord de la economía, un incremento importante del turismo y unos niveles de inversión extranjera sin precedentes.

Como el mismo Primer Mandatario lo reconoció en su discurso de posesión, en este país queda mucho por hacer, y aunque el rollo de la prosperidad suena muy bonito y hasta convincente, ésta no se consigue solamente a punta de anuncios ni de buenos nombramientos. Tampoco se avanza mucho con la simple promesa de darle una vuelta a la página, como tratando de desdecirse del discurso de campaña, en el que el candidato ganador nos retrataba un país limítrofe con la perfección.

La historia no se cambia apenas con un catálogo de buenas intenciones, sino promoviendo verdaderas transformaciones. En este sentido, queda un muy mal sabor al ver que JMS ratificó en sus cargos a los señores Darío Montoya y Felipe Muñoz, directores del Sena y del DAS, respectivamente. La continuidad de Montoya, luego de los cuestionamientos en los que se vio inmerso en la campaña y las sombras que sobre él cayeron por las supuestas componendas clientelistas con JMS, no es una buena noticia a la hora de hablar de buen gobierno.

El caso de Muñoz es aún más delicado, pues si la intención de renovar, limpiar y fumigar la casa era genuina, el DAS era el lugar más indicado para darle inicio a esa tarea. Por su cercanía con el Presidente, por la pérdida de credibilidad, por el tamaño del escándalo que lo ha rodeado y por los perjuicios que le ha causado a la democracia colombiana, esa institución debía ser la primera que reflejara las intenciones purificadoras del nuevo gobierno. Pero no fue así.

El remplazo del director del DAS habría sido una buena señal y no se entiende por qué JMS desperdició esa oportunidad única de demostrar que su discurso de transparencia era sincero. Y si lo que pretendía era seguirle cuidando la espalda a su amigo Felipe Muñoz, habría podido premiarlo con un nombramiento diplomático. Eso sí, lejos de Roma, ciudad que se ha convertido en una elegante y exclusiva antesala del infierno.

martes, agosto 17, 2010

Carta de un lector de Semana


Cordial saludo. La caricatura de Vladdo, Santuario Presidencial (Semana, 1475/76), es el fiel reflejo de lo que, hasta ahora, ha sido el nuevo gobierno quien, con sus recientes acciones, ha dado muestras de su distanciamiento de Uribe, implantando un estilo de gobierno donde la diplomacia se impone sobre las pendencias del gobierno saliente. En el Santuario Presidencial de Vladdo —antigua casa de Nari— sólo sobreviven Planeta y su socio El Tiempo, del que Santos no puede desprenderse por ser uno de sus accionistas principales.

Hasta ahora el balance de gobierno lo favorece, al punto de que opositores a Uribe como María Jimena Duzán, se declaran “santistas” por esta semana, al reconocer de manera expresa que el recién posesionado presidente “ha hecho tan bien las cosas que hasta la extrema derecha de este país se le rebeló” (Semana, 1476), en clara alusión al reciente atentado contra las instalaciones de Caracol Radio.

Los deudos del poder no pueden entender que Santos se reúna con Chavez y, con voluntad política y con altas dosis de pragmatismo, decidan doblar la página e iniciar una nueva etapa de reconciliación, ni que, con la misma actitud, se reúna con las altas Cortes, por no hablar de la posibilidad de negociación con la guerrilla, pues —como lo dijo en su discurso de posesión— “la puerta del diálogo no está cerrada con llave”. Habrá que esperar, pues aún está muy temprano para anunciar el nuevo amanecer, pero lo que hasta ahora queda claro es que Uribe es Uribe y Santos es Santos.

Cordialmente,

—JUAN MANUEL JARAMILLO U.
Manizales

jueves, agosto 12, 2010

Recuerdo de Monterroso

Esta caricatura fue hecha y publicada tras la muerte del escritor guatemalteco Augusto
Monterroso. Cualquier parecido con la realidad es puro chiripazo.


Las movidas de JMS

Si en Venezuela el gobierno sigue siendo el mismo que había hace ocho días, liderado por el mismo presidente, ¿a qué se debe que hoy entre Venezuela y Colombia reine una atmósfera de entendimiento y cordialidad, tan distinta de la que se respiraba la semana pasada? ¿Cuál era ese factor que hacía que entre estos dos países no se hablara sino de confrontación, puertas cerradas y relaciones rotas, con los consecuentes perjuicios para los habitantes a lado y lado de la frontera?

Antes de responder lo anterior, podríamos traer la misma discusión un poco más acá y ver cuál es el panorama que se avizora hoy en la capital del país, más exactamente en el centro de Bogotá, donde ahora se percibe un aire de armonía entre el poder ejecutivo y el poder judicial, que marca un evidente contraste con el pesado ambiente de los últimos meses.

No hay que ser politólogo ni historiador de ninguna escuela de altos estudios, para descubrir que la principal causa de estas desavenencias entre el presidente venezolano y su par colombiano, o entre éste y las altas cortes era la actitud del anterior inquilino de la Casa de Nariño, quien con su delicadeza de arriero creía que la mejor manera de limar asperezas era a punta de zurriago.

Los primeros movimientos de Juan Manuel Santos en la presidencia son sin lugar a dudas un acierto en la medida en que los presidentes deben cumplir sus obligaciones sin reemplazar los razonamientos con una fusta, y sin tratar de zanjar las diferencias con insultos en vez de argumentos, saltándose de paso todas las instancias del diálogo que debe haber entre un mandatario y los representantes de las otras ramas del poder, o con los líderes de países vecinos.

Las decisiones de JMS no son anormales ni extraordinarias. Lo anormal y extraordinario (o superordinario, mejor dicho) era ese estilito camorrero del ex mandatario del Ubérrimo para manejar los asuntos del país como si fueran problemas domésticos de su finca, tratando a las demás autoridades como peones y a los dignatarios latinoamericanos como rivales de pandilla.

Al tratar de encauzar nuevamente las relaciones con los vecinos por los senderos de la diplomacia, JMS lo único que hace es ponerle a la agenda internacional la lógica extraviada en los últimos ocho años. En ese sentido, ha sido afortunado nombrar en la Cancillería a María Ángela Holguín, quien sabe tanto de relaciones internacionales como de tacto y buenas maneras, materias primas de esa cartera, que sus inmediatos antecesores desconocían por completo.

Estas movidas deben tener muy mortificado al recién estrenado ex presidente, quien dejó varios incendios que Santos ha tenido que apagar de una para empezar su gobierno con relativa tranquilidad; actitud perfectamente entendible, pues mal haría el nuevo mandatario revolviendo los pecados heredados con sus propias culpas, que no demoran en salir a relucir y con las cuales tendrá que lidiar.

¡No al terrorismo!

Quiero compartir con todos esta imagen para rechazar
cualquier atentado terrorista en Bogotá y el resto del país. 
Pueden bajarla y usarla en sus redes sociales,
sin ninguna restricción. (Hacer clic para ampliarla)


Gráfico del atentado en Bogotá

Esta es la zona donde estalló un carro-bomba, junto a la sede de la
cadena radial Caracol, en la madrugada del 12 de agosto, en Bogotá.
>  Haga clic sobre la imagen para verla más grande.

miércoles, agosto 11, 2010

Libro al parque

A propósito del comienzo de la Feria del Libro, retomo esta nota que escribí hace unos años, pero que sigue muy vigente.

Uno de los mejores programas que les ofrece Bogotá a sus habitantes es sin duda alguna la Feria del libro. Pensar en la Feria siempre me produce un sabor dulce en la boca pues, desde sus primeras versiones, he vivido en el recinto de Corferias algunas de las experiencias más gratificantes de la vida. Si no hubiera sido por un remate de Feria, nunca hubiera tenido yo la oportunidad de asistir a un improvisado concierto a cuatro manos de Frank Fernández con Teresita Gómez, en el apartamento de ésta última en el centro de Bogotá.

Los libros son el pretexto para que cada año entren en contacto innumerable cantidad de individuos, culturas y organizaciones de procedencias muy diversas que encuentran un espacio para el intercambio, la discusión, los negocios, el conocimiento, la distracción y hasta la rumba. También puede ser la disculpa perfecta para reencontrarse con las personas a las que uno menos ve, o para pasar un rato con los ‘amigos’ que uno sólo se encuentra en la Feria. Como aquel señor que año tras año iba al pabellón de los caricaturistas con el único propósito de renovar, sagradamente, su burlón retrato.

Como en todo evento cultural, académico o de esparcimiento, el toque de la Feria lo pone la gente. No necesariamente de los premios Nobel que puedan asistir, ni los Coelhos que en maratónicas sesiones se dedican a repartir autógrafos a diestra y siniestra.

Además, la ventaja de la Feria es que no hay que ir sólo a comprar libros. También se puede ir a curiosear, a buscar música, a escuchar conferencias o a caminar en medio de una multitud que, con intereses distintos de los de uno, respira ese aire único que la Feria emana.

Sin embargo, ese aire de nostalgia de los días de Feria que me hace recordar todas las cosas que me ha dejado la lectura (de libros, periódicos, revistas, pantallazos de Internet, etcétera), también me pone a meditar acerca de todo lo que no he leído. ¿Habrá leido alguien todos los libros que quisiera? Difícilmente debe haber una persona que pueda responder afirmativamente esta inquietud.

Y las razones para que eso sea así son muy diversas. Hay personas que no leen porque no quieren, porque no les nace; la lectura es un hábito que se cultiva desde la infancia y que los adultos encuentran difícil de adoptar. Existen también aquellos que disfrazan su falta de interés con la falta de tiempo. Ellos se lo pierden.

Sin embargo, hay gente que no lee porque realmente no puede, porque los libros son costosos, porque no tienen acceso a la educación, porque no saben cómo se pronuncia la ‘m’, con la ‘a’. Ellos deberían ser una prioridad para el Estado.

¿Qué tal que, cada año —y con respaldo oficial—, la Feria del libro se descentralizara y se hicieran miniferias en las distintas localidades de la ciudad, al estilo del Festival de teatro? Sería un primer paso para que en todos los barrios la gente pudiera cumplir siquiera una cita anual con los libros.

martes, agosto 10, 2010

Tiempos pasados


En 2004, la revista Diners publicó una extensa nota de Juan Manuel Santos, en la que se refería a Hugo Chávez como la encarnación del mismísimo diablo. Así ilustré yo aquella crónica, para la portada de la revista, sin imaginar que seis años más tarde habrían de sentarse a conversar como dos alegres compadres. Cosas de la política...

Ortografía tecnológica

Hace un tiempo me encontré estas dos perlas ortográficas en los letreros de un almacén. Y me tocó tomar las fotos casi a escondidas...

El problema de este letrero debe ser que lo imprimieron demasiado rápido.

Yo espero que con esta impresora le obsequien al cliente un diccionario.

lunes, agosto 09, 2010

JMS y los caricaturistas

Gracias al nuevo servicio de archivo del periódico El Tiempo, encontré la caricatura que en mayo de 1990 Juan Manuel Santos quería que yo hiciera, pero como yo me negué a dibujarla, se la encargó a otro caricaturista.



Esta es la anécdota a la que yo me refería en un video que puse hace unos meses en Youtube.

Buena suerte


De todo corazón, esperamos la pronta recuperación del doctor Angelino Garzón, Vicepresidente de la República y uno de los pesos pesados del nuevo gobierno. 

sábado, agosto 07, 2010

¡Bienvenido, Presidente!


Los caricaturistas y demás humoristas del país saludamos con inmensa alegría la llegada del doctor JMS a la Presidenica de la República. El Presidente se ha ido, ¡viva el Presidente!

viernes, agosto 06, 2010

“Me voy con la cabeza en alto
y sin arrepentimientos”

Habla el presidente saliente, en su última entrevista como mandatario.

Poco antes de reunirse con las delegaciones invitadas, el Presidente de la República dice que entrega el mando a su sucesor “con la cabeza bien alta y sin arrepentimientos”. Reconoce que hubo momentos duros y que se cometieron algunos errores; sin embargo, afirma que nunca quiso “tirar la toalla” y que los años que estuvo al frente del país fueron “maravillosos”.

¿Qué le deja usted al país?
Una democracia más fortalecida. Un ejemplo de ello fue la transición de mando. El gobierno del nuevo presidente no tendrá que perder muchos meses en investigar qué es lo que se hace y con qué se cuenta.

¿Cómo ve el futuro del país con el nuevo gobierno?
Tengo optimismo en que esa ola de crecimiento en la economía que dejamos se convierta en mayores ingresos para los compatriotas. Van a encontrar instituciones más fortalecidas. Ahora podrán empezar a reducirse las desigualdades entre los compatriotas, y creo que el Estado debe cumplir ese papel de atender a quienes tienen más necesidades y menos oportunidades.

¿Cree que es posible un gobierno socialdemócrata en el país, como el que plantea su sucesor?
Hay que ver la definición de socialdemocracia. En pocas palabras, es un gobierno que cobra muchos impuestos y que reparte muchos recursos a los más pobres. Ha funcionado en Europa, países con mucha cultura y con mucho civismo, pero no sé si pueda aplicarse en nuestro país. Para ello tenemos que ser mucho más transparentes, tener una legislación adecuada y certeza jurídica.

¿Tuvo que pagar usted deudas políticas?
No recuerdo exactamente si tuve que pagar deudas políticas. Hay que consensuar, sentarse con la oposición para alcanzar acuerdos. Fuimos muy criticados por un cafecito que me tomé con el jefe de la oposición.

Entonces, ¿por qué la presencia de tantos representantes del sector económico en su gabinete?
Queríamos ser muy buenos ejecutores, y lo hemos sido. Queríamos tener resultados positivos en la economía, en la recaudación y en la infraestructura. Pienso que eso no nos resta valor, y no me arrepiento de las acciones emprendidas. Queríamos actuar con resultados y avanzar en los programas.

¿Le preocupa que haya una cacería de brujas, sobre todo ahora que no tendrá la inmunidad de un gobernante?

No me preocupa ninguna cacería de brujas, no tenemos nada que esconder. Estamos a la orden de cualquier persona o institución que quiera información. No dudo de mis funcionarios y somos respetuoso de la ley.

¿Qué significó para usted ser presidente?
Fue un orgullo; creo que no hay un compatriota al que no le haya pasado por la mente ser presidente, y creo que se debe cultivar. Ojalá todos quisieran ser presidente. Pienso que somos una democracia muy joven; tiene que ir madurando y dando sus frutos.

¿Pasó por su cabeza alguna vez darle una patada a todo e irse a su casa?
No. Fueron cuatro años maravillosos para mí, a pesar de momentos complicados, pero los enfrentamos con mucha paciencia y calma para tomar las mejores decisiones. Para mí fue un honor haber servido a mi país y, sobre todo, retirarnos con la frente en alto.

¿Es éste un mejor país ahora, después de su gobierno?
Absolutamente mejor. La economía creció significativamente, así como la tasa de tributación.

Pero los índices sociales no se pudieron mejorar.
Es difícil juzgar con los indicadores que tenemos. Sin embargo, la pobreza la redujimos en un importante porcentaje.

¿Con qué presidente de la rgión tuvo mejores relaciones?
Hay mucha cercanía y solidaridad con el presidente de Estados Unidos.

¿Cuál es la agenda pendiente que dejó su gobierno?
Un país que está en vías de desarrollo requiere de un proceso. Un país sin seguridad no atrae inversión ni turismo. Son lamentables las muertes de compatriotas, y hay una lucha puntual de América Latina con el narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado; temas sociales que antes no se tenían y ahora tienen mucha fuerza.

¿Cuál cree que fue su mayor error?
Cometimos muchos errores, como humanos que somos. Hubo muchos momentos difíciles, como los desastres naturales o el tema de la banca. Pero el país que dejamos es más solidario, más influyente, y ese es el mejor legado de mi administración.

¿El mayor logro?
Es difícil puntualizar. En Educación, el haber entregado 60 mil computadoras a maestros, 10 mil en secundaria, lograr la cobertura total para los niños de primaria; mejor infraestructura, macroeconomía muy controlada, el tipo de cambio se mantuvo, certeza jurídica en inversiones...

¿Tiene más o menos amigos después de cuatro años?
Tengo los mismos de siempre.

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La anterior entrevista fue concedida por el presidente conservador de Guatemala Óscar Berger, poco antes de entregarle el poder a su sucesor, Álvaro Colom, en enero de 2008. Es una muestra de que en todas partes los presidentes acuden siempre a los mismos lugares comunes. Cualquier parecido con la realidad colombiana es algo más que coincidencia. (La entrevista original fue publicada en el diario Prensa Libre).

miércoles, agosto 04, 2010

Uribe: ¿huella o cicatriz?




Cada relevo presidencial marca una etapa en la vida de un país y en el devenir de la sociedad. La salida de Uribe, que, si no hubiera hecho trampa, debió ocurrir hace cuatro años, será lamentada por unos y aplaudida por otros, entre los cuales me cuento. Termina aquí la era del todo vale y los fines obtenidos por cualquier medio; de los insultos presidenciales y las invocaciones a matar bandidos; de las destituciones en caliente y la repartición sabatina de cheques; de la ramplonería y el tráfico de influencias; de los delfines negociantes y las descalificaciones a la prensa; del macartismo tropical y la paranoia judicial.

No se puede hacer en una columna un balance a fondo de estos agitados años en los cuales el país cambió gracias, en parte, a las políticas de Uribe, pero también debido a la dinámica internacional, que unas veces nos trajo prosperidad y en otras ocasiones nos dejó sinsabores. En este mundo globalizado Colombia no es un modelo excepcional de éxitos ni un caso aislado de fracasos.

En lo económico, el presidente Uribe se la jugó por la confianza inversionista, que no fue otra cosa que una radical apertura económica, gracias a la cual la inversión extranjera creció considerablemente durante su presidencia. Uribe también flexibilizó la legislación laboral, con el propósito de generar empleo, pero, al final de cuentas, el desempleo sólo se redujo en un par de puntos, mientras el subempleo creció en un 30%. Uribe entrega, además, un país ubicado entre las cinco naciones con peores índices de desigualdad en el mundo, lo cual deja en entredicho su política de cohesión social.

Con los golpes asestados a la guerrilla, fue en el frente de la seguridad donde el casi ex presidente cosechó sus mayores éxitos, verdad que tiene dos caras pues aunque gracias a la vigilancia en las carreteras hoy se puede salir de las ciudades, cada vez es más peligroso salir de las casas. La inseguridad urbana está disparada en muchas zonas del país, realidad que el saliente gobierno se niega a admitir. Y si a eso sumamos la evidente traquetización que se percibe en varias capitales, reflejada en el aumento del sicariato y los ajustes de cuentas entre los delincuentes, el balance pierde buena parte de su brillo.

Por otra parte, los logros en materia de seguridad resultaron empañados por los cientos de ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por miembros de las Fuerzas Armadas y por las interceptaciones telefónicas, efectuadas por el DAS contra jueces, magistrados, periodistas y políticos de la oposición.

Así las cosas, celebro la partida de Álvaro Uribe, que se va en medio de luces y sombras y deja en el país una profunda huella. O una fea cicatriz, dependiendo de cómo se le mire. A Juan Manuel Santos prefiero no referirme en este momento, pues eso sería como hablar del guayabo antes de que empiece la fiesta.