Yo gocé y le saqué el jugo hasta más no poder a mi iPhone de la primera generación [en la foto], que era toda una novedad. Ahora, con el lío de la antena, no estoy seguro de querer la versión 4, pero nunca se sabe...
Ahora los blogs http://Vladdomania.blogspot.com y http://havladdorias.blogspot.com se unifican en: www.vladdomania.com. Ahí nos vemos.
sábado, julio 31, 2010
Tan bueno que era...
jueves, julio 29, 2010
Tiempos modernos
A propósito de tecnología, ésta es la ficha que le entregan a uno en el guardarropas del descrestante Centro Pompidou, en París. Combina perfectamente con la carpeta digital del otro día.
Días de independencia
Medio en serio y medio en broma, mucha gente me ha preguntado en las últimas semanas qué me habría puesto a hacer si Mockus hubiera ganado la presidencia. A renglón seguido, esos mismos curiosos se responden a sí mismos: “Se habría quedado sin trabajo. Menos mal ganó Santos; para usted era lo más conveniente”. Cuando por fin me dejan decir algo, les recuerdo que por mucha simpatía que uno sienta por un candidato, a la hora de la verdad cada uno tiene que hacer su trabajo de la mejor manera posible. La función de los gobernantes es ejercer adecuadamente el poder y la de la prensa, terreno en el cual me muevo yo, es analizar, fiscalizar y opinar sobre la tarea de los mandatarios, sin importar qué tan cercanos o distantes sean en el aspecto ideológico o en el campo personal.
Por mi experiencia puedo decir que esa cuestión no la entiende todo el mundo: ni el público ni los políticos, muchos de los cuales creen que al establecer cierto grado de amistad con periodistas adquieren una suerte de inmunidad sobre sus actuaciones. Hace años una de esas figuras públicas (que nunca entendió la frontera entre una y otra cosa) me reclamó porque, según su tesis, ciertos periodistas, incluido el suscrito, éramos adorados en privado, pero muy severos en público.
La culpa de esta confusión no es toda del público ni de los políticos, sino que se debe en buena medida a que los numerosos casos de periodistas que, ocultos tras una máscara de equilibrio e independencia que a la larga no practican, se ponen al servicio de personajes y causas particulares. Me refiero en especial a quienes trajinan con información de manera supuestamente imparcial y que por lo tanto deberían ofrecer cierto grado de objetividad, pero que en realidad se dedican es a cuidar la imagen de personas cercanas a sus afectos, lo que en la práctica no es más que un engaño a la audiencia.
Es distinto el caso de los columnistas o articulistas de las páginas editoriales, cuyas opiniones son intrínsecamente subjetivas. El hecho de que no sean objetivos no tiene por qué sugerir que no sean independientes; son dos conceptos diferentes, pero compatibles. Lo que se espera de quienes escriben en las secciones de opinión es precisamente eso: que opinen y expliquen el fundamento de sus afirmaciones, pero que lo hagan con transparencia.
En principio, no tiene nada de malo ni es ilícito que un periodista asesore alguna empresa o a un político; lo malo es que simultáneamente salga a opinar sobre las actividades de su cliente como si nada, y, peor aún, sin advertirles a sus lectores. Es verdad que uno como columnista puede asumir posiciones muy personales en sus escritos, pero no es igual opinar libremente que hacerlo mediando algún compromiso económico o de cualquier otra índole. Total, uno puede vender el trabajo, pero no la conciencia.
sábado, julio 24, 2010
A propósito de desnudos y cosas de esas
Este texto está en el Centro Pompidou, de París, y viene como anillo al dedo, a propósito de las recientes discusiones acerca de los denominados “desnudos artísticos”. ¿Cómo les parece?
jueves, julio 15, 2010
Más allá del idioma
Hace años, cuando visité España por primera vez, me sentí muy emocionado al llegar a un país del primer mundo en el cual podría expresarme sin tener que pensar demasiado en la gramática o la pronunciación para hacerme entender; donde podría dar rienda suelta a mi curiosidad periodística sin temor a quedarme a mitad de camino en las explicaciones. Me parecía increíble llegar a otro país donde se hablaba el mismo idioma que yo he usado desde que aprendí mis primeras vocales y donde podría pelear tranquilamente con un taxista sin temor a que se hiciera el desentendido (como hacen los choferes paquistaníes o haitianos en Nueva York).
Pero el aterrizaje (no del avión en el aeropuerto de Barajas, sino el mío en la cotidianidad callejera de Madrid) fue mucho más aparatoso de lo que yo esperaba y la realidad que me encontré fue muy diferente de la que había imaginado.
Por fortuna, siempre he tratado de evitar esa manía tan colombiana de pedir que me regalen la cuenta y doy gracias a la vida por haber eliminado de mi léxico ese abuso verbal, porque en España a uno no le regalan nada: la cuenta la traen o la dan, y punto. Sin embargo, eso evita apenas uno de los fiascos, porque por lo demás todo pueden ser malentendidos.
Cuando un colombiano quiere almorzar, los españoles en realidad están pensando en comer, y cuando nosotros pretendemos comer ellos ya se están preparando para la cena. A la hora de tomar tinto, nosotros pensamos en café, pero ellos se están refiriendo a una bebida un poco más fuerte, motivo por el cual es de pésima presentación pedir un tinto con el desayuno.
Bueno, el manejo del doble sentido es un tema aparte, sobre lo cual no entraré en detalles. Sólo diré que vale la pena estar atentos porque, por ejemplo, si entre nosotros correrse es una actividad rutinaria que se practica sobre todo en los medios públicos de transporte con cualquier desconocido, en España es una cuestión muy íntima, de la cual sólo se habla con alguien de mucha confianza.
Mientras en Colombia las hostias a uno se las dan solamente los curas en las iglesias, en España una hostia se la puede dar cualquiera por la calle.
Pero, pese a la cacareada herencia hispana, y más allá de los matices del idioma, hay otras cosas que nos diferencian profundamente de los ibéricos. Por ejemplo, después de ver cómo España se volcó a las calles el lunes pasado para agasajar a la selección vencedora en Sudáfrica 2010, y que en la fiesta sólo hubo tres muertos (uno ahogado, uno que cayó desde un balcón y otro en una pelea), recordé que en Colombia, tras el 5-0 sobre Argentina en 1993, el jolgorio dejó más de 50 víctimas fatales; y eso que no estábamos festejando un campeonato mundial. ¿Será que los españoles no saben celebrar?
martes, julio 13, 2010
miércoles, julio 07, 2010
Nostalgia por el frío
El desmantelamiento en Estados Unidos de la supuesta red de espías rusos me produjo cierta nostalgia por la Guerra Fría. Todo era más fácil de entender cuando el mundo estaba dividido en dos bloques políticos, cualquiera sabía que la CIA y la KGB eran las dos grandes agencias de espionaje y que su misión era perseguirse y engañarse mutuamente. ¿Quién diablos sabe hoy el nombre de la agencia de espionaje de Rusia? Antes, los enemigos eran reales: en el mundo había tipos buenos y malos. Los servicios secretos se espiaban entre sí; hoy espían a sus propios ciudadanos. En este relajo, las potencias, presas de la paranoia, hablan de combatir supuestos enemigos comunes como terroristas y narcotraficantes.De un tiempo acá, los líderes gringos y rusos disminuyen periódicamente el arsenal nuclear, cuando esa amenaza latente y la expectativa de que uno de los dos usara el teléfono rojo para anunciar el comienzo de la tercera guerra mundial era lo que le ponía sabor a la vida. Ahora el teléfono rojo es el símbolo de un banco.
Anteriormente una cita entre los presidentes de Rusia y Estados Unidos estaba rodeada de pompa y de tensión. Hoy, sin la adrenalina de la guerra fría, ellos se sientan juntos a comer hamburguesas en un restaurante de comidas rápidas, sin el temor de que uno pueda envenenar al otro. Qué encuentros más insípidos.
Cuando había cortina de hierro, un perseguido político podía desertar y refugiarse en la embajada de algún país del bloque rival. Hoy, los únicos que desertan, y esporádicamente, son los cubanos; pero por hambre, no por convicción. Las cosas han llegado a un extremo tal que muchos izquierdistas de América Latina se exilian en Estados Unidos. ¡Por favor! Se supone que ese país era un destino para capitalistas de corazón, que iban de vacaciones o de shopping; no para refugiados políticos. Es que EE.UU. ya no es lo que fue. Incluso, le ha arrebatado a la izquierda el discurso de defensa de los derechos humanos.
Y la antigua Unión Soviética ni se diga. Allá se acabó la ideología y ahora no es ni chicha ni limoná. Tras el desmoronamiento del comunismo, Europa Oriental se llenó de paisitos cuyos nombres uno no termina de conocer y Rusia está plagada de magnates pero dejó de ser uno de los polos ideológicos del planeta.
Con la caída de la URSS la carrera espacial dio paso a una era de armonía y estancamiento en esa materia. Cuando las dos potencias competían por la supremacía fue cuando se dieron los mayores logros en la conquista del espacio. Eso se acabó. Así como el entusiasmo que despertaban las olimpíadas o los mundiales de fútbol. Había que ver lo apasionante que era un partido entre las dos Alemanias, o la pelea por la medallería en unos juegos olímpicos y la emoción de ver desertar a algún deportista.
En fin, todo tiempo pasado fue mejor…
sábado, julio 03, 2010
¡Chao, Diego!
En homenaje de despedida a Maradona, aquí les dejo este icono, para que lo usen como mejor les parezca.
No llores por mí, Argentina...
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