miércoles, junio 30, 2010

Sombras de duda

Juan Manuel Santos ha demostrado en repetidas ocasiones que no se pone con miramientos para alcanzar un objetivo. Por eso me resulta difícil creerle cuando habla de su acuerdo de Unidad Nacional y dice que es un pacto ideológico, cimentado en unas propuestas de gobierno para traerle prosperidad al país, promesa que por demás resulta un tris contradictoria, si se supone que Uribe deja un país maravilloso, lleno de colombianos agradecidos (como los áulicos del gobierno nos quieren hacer pensar).

Yo no le creo a JMS cuando afirma que todos los que antes, durante y después de la campaña presidencial se sumaron a su causa, lo hicieron por mero interés patriótico. No le creo cuando dice que ni él ni ninguno de sus asesores hicieron promesas a cambio de respaldo.

Si uno revisa el pasado reciente, descubre que, al mejor estilo de Uribe, cada logro de JMS tiene detrás alguna irregularidad. La operación Fénix, donde murió Raúl Reyes fue un éxito, nadie lo duda, pero implicó la invasión a Ecuador. La operación Jaque, que nos llenó de alegría, estuvo manchada con el uso indebido de los emblemas de la Cruz Roja y varios medios de comunicación. También se dice que en esa “operación perfecta” hubo sobornos y otras conductas no muy claras; no sería raro. Y de la recompensa al guerrillero ‘Rojas’ por el asesinato de su comandante Iván Ríos es preferible no hablar para no entrar en detalles espeluznantes.

En últimas, JMS ha demostrado que es un hombre de resultados, exitista, al que le gusta que lo midan por sus logros, sin importar cómo los haya obtenido. Y la presidencia de la República no es la excepción, tal como lo ha reconocido su principal asesor, el famoso J.J. Rendón.

Yo no pongo en duda las capacidades de JMS. Y lo digo en serio. Es más: considero que puede llegar a ser un buen presidente, si logra zafarse de las amarras de esa jauría de políticos y politiqueros que se ha unido a su causa, y a los que él ha recibido con los brazos abiertos. De hecho los primeros nombramientos que ha revelado hasta ahora apuntan a la conformación de un buen equipo de gobierno.

De modo que el problema de JMS nada tiene que ver con idoneidad, sino con el origen espurio de su mandato, porque está accediendo al poder con la tenebrosa sombra de miles de víctimas inocentes, asesinadas fuera de combate por las Fuerza Militares, mientras él se desempeñaba como titular de Defensa. Yo no creo que JMS tenga responsabilidad directa en ninguna de esas muertes, pero si era tan buen ministro debería estar al tanto de lo que hacían los hombres bajo su mando. JMS tiene una responsabilidad política que hasta ahora no ha querido asumir, y eso no admite compases de espera. En un país medio decente alguien como JMS no podría ser presidente ni de una junta de acción comunal.

viernes, junio 25, 2010

A propósito de Michael Jackson






Cuando medio mundo conmemora el primer año de la muerte de Michael Jackson, publico nuevamente esta carictaura alusiva al polémico personaje.

Está en inglés y español, para que escojan.

Sobra decir que la pueden usar libremente como iconos, fondos de pantalla, de celulares, chats, avatares, etcétera, siempre y cuando no sea explotada comercialmente...

jueves, junio 24, 2010

¿Interfieren los celulares con las
comunicaciones de los aviones?

He aquí una explicación que me suena bastante lógica, a propósito de este mito urbano. (Tomado de la página de Discovery Channel)

Explicación: No importa lo que el parlanchín en el asiento de al lado de usted diga sobre cómo los teléfonos celulares interfieren con la navegación avión –esos pájaros metálicos se construyen herméticamente contra señales externas y operan en frecuencias completamente diferentes de las usadas por los teléfonos celulares.

Entonces, ¿por qué todo el alboroto acerca de los teléfonos? Cuando usted hace una llamada a 10.000 pies, la señal rebota en varias torres de celulares, en lugar de uno en uno. Eso significaría que muchos opasajeros hablando por celular congestionarían las redes sobre el terreno, que es la razón por la cual la Federal Communications Commission (FCC) –no la Asociación Federal de Aviación (FAA)– tiene prohibido el uso del teléfono en los aviones.

Si se muere de las ganas de usar su BlackBerry en pleno vuelo, trate de internacionalizarse. Algunas compañías aéreas en Europa, Oriente Medio y Asia permiten ahora el uso del celular en los aviones, pero no contenga la respiración esperando que la FCC siga ese ejemplo.

Si yo fuera de La U

Dicen que una forma efectiva de entender algunas cosas que a uno le resultan incomprensibles es poniéndose en los zapatos del otro. Así que en estos días he hecho el ejercicio de ubicarme en el lugar de varios amigos y amigas que el domingo pasado votaron por Juan Manuel Santos, porque les parecía el más indicado para continuar la tarea de uno de los mejores gobernantes (si no el mejor) que ha tenido Colombia en casi 200 años de historia republicana. Gracias al valioso aporte de todos ellos, que simpatizan con los dos presidentes que hay ahora en el país, y con la ayuda de juiciosos analistas de prensa, he llegado a varias conclusiones.

Si yo fuera de La U me sentiría orgulloso de tener un candidato que se defendía como una fiera en los debates, así fuera a punta de mentiras; el fin justifica los medios. Si yo fuera de La U habría aplaudido cada vez que las entrevistadoras del Canal RCN corchaban al profesor Mockus y le buscaban el quiebre en cada respuesta, mientras se hacían las desentendidas con las vacilaciones o las ambigüedades de JMS.

Si yo fuera de La U me daría pena tener de presidente a un profesor de estrato 4, que creyó que la presidencia se podía ganar sin tener en cuenta la maquinaria, tan necesaria para el funcionamiento de la democracia. Si yo fuera de La U estaría orgulloso de haber votado por JMS, político disciplinado, estudioso, de buena familia, al que le cabe el país en la cabeza, que se viste como un lord, que habla un impecable inglés y que tiene amigos importantísimos por todo el mundo.

Si yo fuera de La U estaría feliz porque al final nadie le paró bolas a los supuestos escándalos por la manipulación de Familias en Acción, ni por las movilizaciones masivas de personas para que votaran por JMS. Si yo fuera de La U me frotaría las manos porque mi candidato se salió con la suya, a pesar de las incomodidades que pretendieron causarle algunos resentidos que siguen hablando como loros de la tal responsabilidad política del ex ministro de Defensa en el cuento ese de los falsos positivos.

Si yo fuera de La U no le pondría misterio al hecho de que JMS tenga en su acuerdo de Unidad Nacional a tantos políticos cuestionados, mañosos y oportunistas; al fin y al cabo ellos tienen la picardía que se necesita para gobernar un país como Colombia. Los que le reprochan una presunta falta de escrúpulos, no entienden cómo funciona la política. Si yo fuera de La U estaría dichoso al enterarme de que, pese a la mala leche de sus enemigos políticos y de las burlas de algunos (empezando por Daniel Samper Ospina) Armando Benedetti será el próximo presidente del Congreso.

¡Huy! Gracias a Dios no soy de la U, así me quede sin entender nada.

martes, junio 22, 2010

Ustedes eligieron

El diseño más votado fue el del signo de admiración y será el primer diseño que saldrá a la venta.

Resultados de la votación:

1-Admiración, 671 (43%)

2-Ojo, 418 (26%)

3-Cinta Grande, 376 (24%)

4-Cinta Pequeña, 92 (5%)

Total de votos: 1557

¡Gracias por participar!

lunes, junio 21, 2010

Un logo de luto (no de lujo)

Para aquellos que se sienten como yo, publico este logo para que lo usen como fondo de pantalla en su celular o bberry, o como icono en las redes sociales...

Una entrevista sin publicar

En marzo de 2009, una periodista que hacía un perfil de Juan Manuel Santos me envió un cuestionario, con varias inquietudes sobre el ahora presidente electo. Finalmente, la mayoría de mis respuestas no fue tenida en cuenta, pero al revisarlas hoy, veo que contienen datos interesantes que vale la pena compartir.
¿Cree que Juan Manuel Santos está obsesionado por el poder?
Cuando uno no sólo se arrima a tres presidentes de distinto perfil (Gaviria, Pastrana y Uribe), e intenta acercarse a otro, aunque sin éxito (Samper); y además se dedica a conformar y dirigir un partido, no lo hace por hobby: JMS ha sido un obsesionado del poder toda la vida.

¿Cuál es el mayor defecto de Juan Manuel Santos?
JMS tiene dos grandes defectos, los cuales yo no podría decir si son los peores, porque a lo mejor tiene otros que todavía no conocemos. Uno, es que no tiene problema para mentir; y el otro, es que desprecia eso que llaman ética. Y lo más grave es que habla sin sonrojarse de integridad y transparencia, virtudes que él sabe que no practica.

¿Cuál cree que es la estrategia de Juan Manuel Santos para llegar a la Presidencia de Colombia?
JMS, por todos los medios, ha tratado de ganarse un espacio para llegar a la Presidencia; proceso en el cual ha sido un perfecto camaleón. Esa incoherencia es nítida al ver, por ejemplo, el apoyo irrestricto que le dio al presidente Pastrana, frente al respaldo que le ha dado al presidente Uribe, que son dos hombres con una concepción de Estado y una visión del mundo completamente opuestas; pese a lo cual JMS los ha acompañado sin sonrojarse.

Además, con la soberbia que lo carcome, él debe pensar que si llegó a la Presidencia de la República un tipo light como Pastrana, o un provinciano como Uribe, ¿él por qué no? Y es que, visto en abstracto, JMS no es un mal candidato: ha sido ministro de supuesto buen desempeño en tres carteras muy distintas (Comercio Exterior, Hacienda y Defensa); fue el último Designado a la Presidencia de la República. Es un hombre preparado, proveniente de una de las familias más poderosas de Colombia y con el periódico más grande del país a su servicio. Su único problema es que la urnas no lo favorecen; quizás porque ha sido menos efectivo que Uribe a la hora de engañar al electorado.

Ahora, Santos sabe que este es el momento en que ha estado más cerca de la cima del poder político en Colombia, y si no logra llegar ahora, quizás no lo consiga nunca. Por eso va a venderse como el hombre que le propinó a la guerrilla los más duros golpes de la historia, cosas en las cuales hay parte de razón. Y, al mismo estilo de Uribe, seguramente va a tratar de capitalizar el hastío de los colombianos con las Farc. El problema es que la guerra ha opacado todos los demás problemas del país, pero estos ya van saliendo a flote a medida que la economía comienza a desbarrancarse.

¿Cree usted que Juan Manuel Santos podría hacer ‘lo que sea’ para obtener el poder? ¿Por qué?
No lo dudo. A lo largo de los años ha dado muestras de que, con tal de conseguir sus propósitos, él también combina, a su manera, todas las formas de lucha. Así se vio en la falsa acusación contra Rafael Pardo, el bombardeo a Ecuador, la Operación Jaque, los falsos positivos o el complot contra Samper... Y eso que deben faltar muchas cosas por saberse.

Usted pinta a Juan Manuel Santos con una gran nariz de mentiroso ¿Para usted cuál es la peor mentira que él ha dicho?
No sé si sea la peor, pero la más dolorosa mentira de JMS es que diga que él no sabía nada de los falsos positivos; sabiendo que esa práctica era vox populi, y que distintas organizaciones la habían denunciado durante años. En esta materia el Ministro de Defensa está en la misma situación del Presidente: si no sabía, es un incompetente; y si sabía, es cómplice. No podemos olvidar las víctimas de los falsos positivos han sido cientos de colombianos inocentes, en su mayoría de origen humilde.

¿A qué le atribuye los señalamientos que Santos hizo sobre Rafael Pardo y las Farc?
Las Farc son un ‘tema de campaña’ que es muy efectivo en este país; no en vano ha sido, contradictoriamente, el factor determinante en el triunfo de los dos últimos presidentes que hemos tenido. Y en el ambiente guerrerista que ha imperado en la era Uribe, el señalar a un rival político como cómplice de las Farc es una jugda que da réditos, así no sea cierto. Y más aún si esa acusación se hace desde la misma Casa de Nariño, como lo hizo hace tres años JMS, en compañía del Comisionado de Paz.

¿Por qué cree que Juan Manuel Santos ha salido tan bien librado de los debates en el Congreso?
Cuando un gobierno maneja y manipula las mayorías en el Congreso, es difícil no salir airoso en cualquier debate. Y ya esta administración ha hecho varias demostraciones de lo que puede lograr la aplanadora uribista.

miércoles, junio 16, 2010

Impertinencias


Me alegra que luego de pasar más de una década en poder de las FARC, el general Luis Mendieta, los coroneles Enrique Murillo y William Donato y el sargento Arbey Delgado estén de nuevo en libertad, gracias al Ejército Nacional. No obstante, aún no se sabe a ciencia cierta cómo sucedieron los hechos que culminaron con esa buena noticia; y como la experiencia nos ha enseñado que detrás de cada logro notable de Álvaro Uribe siempre hay algo turbio, vale la pena repasar ciertos detalles confusos alrededor de la Operación Camaleón.

Para empezar, resulta muy extraño que un botín como el general Mendieta y dos coroneles, estuvieran custodiados sólo por seis guerrilleros que no ofrecieron resistencia contra el Ejército ni atentaron contra los rehenes, sino que salieron corriendo, como en una película de dibujos animados. Si esto es verdad, los de las FARC no son esos terroristas sanguinarios que nos pintan sino unos verdaderos imbéciles. Y bajo esa misma premisa, tampoco se necesitaría un ejército tan caro y numeroso para combatirlos. Ahí hay gato encerrado. ¿No será, quizás, que hubo plata de por medio?

Hablando de otro aspecto de la operación, resulta raro que el comando que la llevó a cabo no tuviera entre sus implementos unas pinzas u otra herramienta para retirarles las cadenas a los liberados, si se sabe que los rehenes de las FARC siempre están amarrados así. ¿O fue que se las dejaron puestas para ambientar el posterior espectáculo?

También resulta curioso que la Operación Camaleón, aunque se estaba planeando con milimetría hace varios meses, fuera ejecutada casualmente una semana antes de la segunda y definitiva vuelta de las elecciones presidenciales, y coincidiendo con la polémica por la condena del coronel retirado Alfonso Plazas Vegas, tema éste que quedó archivado en medio de la euforia del regreso de los ex secuestrados.

Otra cuestión llamativa (y desagradable) es el uso político que el gobierno le ha dado al asunto, para lo cual ha contado con el respaldo morboso de casi todos los medios de comunicación. Después de tantos años de ausencia, uno se imaginaría que lo primero que quieren los rescatados es reencontrarse con sus seres queridos y someterse a los chequeos médicos de rigor; sin cámaras ni reporteros. Sin embargo, a ellos les clavaron tres extensas ruedas de prensa en Catam, en la Dirección de la Policía y en la Casa de Nari, donde fueron presentados como trofeos de caza. ¡Qué oportunismo!

No contentos con eso, en los días siguientes los noticieros no han ahorrado imágenes de los ex secuestrados en sus casas, con las familias, en los hospitales (el martes Mendieta salió torsidesnudo en televisión mientras lo revisaba un médico; eso es indigno). En un país decente ni la Policía ni el Ejército se prestarían para saciar el amarillismo de los periodistas; pero aquí eso se explica ante la necesidad de hacer campaña por la continuidad de la seguridad democrática.

miércoles, junio 09, 2010

Los grises


Hago mías las siguientes palabras con las que Cecilia Orozco Tascón termina su más reciente columna en El Espectador: “Me niego a votar por miedo. Lo haré por la esperanza de tener un gobierno limpio que llegue a destapar delitos de alto vuelo; que permita fluir las investigaciones de la justicia en lugar de presionar a fiscales y jueces; que no tenga compromisos de silencio cómplice; que le restituya al país la vigencia constitucional, el derecho a la legalidad democrática y a la separación real de poderes. Con eso nos sobraría, por el momento”.

Desde luego, no se refiere al candidato del presidente Álvaro Uribe, sino al del Partido Verde, Antanas Mockus; pues es evidente que bajo un gobierno de Juan Manuel Santos las posibilidades de investigar con transparencia las muchas irregularidades que han ocurrido en los últimos ocho años, y de las cuales el propio JMS fue partícipe, quedarían prácticamente anuladas.

A los argumentos de Cecilia habría que agregar que el voto por los verdes sería un grito de protesta contra el doble rasero que muchos utilizan a la hora de evaluar a los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta. Son innumerables los ejemplos en los cuales la gente, y en especial la prensa, muestra una deferencia monumental frente a Santos (o a Uribe, da lo mismo), y una inflexibilidad infinita cuando se trata de Mockus.

Es verdad que, por donde se mire, el discurso de Antanas Mockus la noche del 30 de mayo fue un fiasco; pues el candidato habló como si estuviera en una reunión de colegio y no frente a todo un país. Error garrafal, pero nunca tan grotesco como los discursos veintejulieros de Uribe en los que reparte cheques y subsidios, ordena matar bandidos o propone linchar corruptos.

El llanto de Antanas lo convierte en un debilucho al que el poder le queda grande; las lágrimas de Uribe son una muestra de sensibilidad. Si Mockus se equivoca, es una bestia, que no domina los temas; si es Uribe el que mete la pata, se debe a que es un ser humano y como tal no es perfecto. Si Mockus trata de corregir un desacierto, es un inepto zigzagueante; si Uribe persiste en el error se debe a sus firmes convicciones. Rectificar no es de machos, menos aún pedir perdón. Cuando Mockus se indigna es melodramático, cuando Uribe insulta es todo un varón.

Hago la comparación con Uribe porque es éste el que está detrás de la candidatura y la fortaleza de JMS, quien a su vez se ha comprometido a continuar con la tarea del actual presidente. De hecho ya hasta se disfraza de arriero, con mulera y poncho aguadeño. Y aunque ambos alegan que Santos es Santos y Uribe es Uribe, es claro que en esta campaña ni el uno es blanco ni el otro es negro, sino que ambos son seres grises, llenos de picardía.

miércoles, junio 02, 2010

No, gracias


Muchas reflexiones le rondan a uno en la cabeza luego del abrumador triunfo de Juan Manuel Santos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Como defensor de la propuesta del Partido Verde, encabezada por Antanas Mockus y Sergio Fajardo, he sentido como propio el fuerte revés del domingo.

No viene al caso a ponerme a explicar (ni menos a justificar) por qué una jornada que debía terminar en fiesta terminó convertida en calamidad. Sin embargo, me niego a arriar las banderas de la esperanza que durante todas estas semanas han ondeado en mi corazón y en los de millones de compatriotas que le damos valor a la vida, que creemos que la política se puede hacer con decencia y que pensamos que el fin no justifica los medios.

A pesar del desasosiego de la derrota, no podemos olvidar que lo que está en juego no es apenas un cambio de gobierno o de presidente; aquí de lo que se trata es de dar un primer paso para cambiar el modelo de sociedad en el que vivimos, tarea que va a requerir décadas y generaciones, porque no es fácil remover las viejas y sólidas estructuras de un país donde la picardía es una virtud.

Muchos de los que optan por la continuidad representada en JMS lo hacen sin tener en cuenta que Álvaro Uribe nos deja un país con vergonzosos índices de pobreza, desempleo y desigualdad, e institucionalmente fracturado. Es verdad que gracias a los éxitos militares se ha recuperado en buena medida la tranquilidad ciudadana, pero el precio de esa sensación de seguridad ha tenido unos costos muy altos, representados en alianzas con organizaciones delictivas, escuadrones de la muerte, espionaje telefónico y numerosas ejecuciones extrajudiciales, perpetradas por miembros de la fuerza pública.

Por otra parte, es inexplicable que en los años de mayor prosperidad económica en décadas, ésta no se vea reflejada en un mejoramiento de vida de los ciudadanos más pobres. Colombia es el segundo país de América en términos de inequidad, sólo superado por Haití; tiene la peor infraestructura, después de Bolivia; y ocupa el segundo lugar del mundo en cantidad de desplazados, detrás de Sudán. Y del colapso del sistema de salud, ni hablar.

De modo que una presidencia de Santos sería la continuación de un estilo de gobierno que en ocho años no sólo ha dejado sin resolver problemas básicos de la población, sino que se ha valido de cuanta artimaña ha tenido al alcance para favorecer a sus amigos y a la vez deslegitimar a la oposición, espiar a sus contradictores y desprestigiar a las cabezas de las Cortes.

Yo no dudo de las capacidades de Juan Manuel Santos, pero si a lo anterior agregamos el prontuario de trampas y mentiras a las que acude para lograr sus objetivos, y de las cuales dice sentirse orgulloso, es evidente que no nos merecemos un presidente como él. ¿O será que sí?