Juan Manuel Santos ha demostrado en repetidas ocasiones que no se pone con miramientos para alcanzar un objetivo. Por eso me resulta difícil creerle cuando habla de su acuerdo de Unidad Nacional y dice que es un pacto ideológico, cimentado en unas propuestas de gobierno para traerle prosperidad al país, promesa que por demás resulta un tris contradictoria, si se supone que Uribe deja un país maravilloso, lleno de colombianos agradecidos (como los áulicos del gobierno nos quieren hacer pensar).
Yo no le creo a JMS cuando afirma que todos los que antes, durante y después de la campaña presidencial se sumaron a su causa, lo hicieron por mero interés patriótico. No le creo cuando dice que ni él ni ninguno de sus asesores hicieron promesas a cambio de respaldo.
Si uno revisa el pasado reciente, descubre que, al mejor estilo de Uribe, cada logro de JMS tiene detrás alguna irregularidad. La operación Fénix, donde murió Raúl Reyes fue un éxito, nadie lo duda, pero implicó la invasión a Ecuador. La operación Jaque, que nos llenó de alegría, estuvo manchada con el uso indebido de los emblemas de la Cruz Roja y varios medios de comunicación. También se dice que en esa “operación perfecta” hubo sobornos y otras conductas no muy claras; no sería raro. Y de la recompensa al guerrillero ‘Rojas’ por el asesinato de su comandante Iván Ríos es preferible no hablar para no entrar en detalles espeluznantes.
En últimas, JMS ha demostrado que es un hombre de resultados, exitista, al que le gusta que lo midan por sus logros, sin importar cómo los haya obtenido. Y la presidencia de la República no es la excepción, tal como lo ha reconocido su principal asesor, el famoso J.J. Rendón.
Yo no pongo en duda las capacidades de JMS. Y lo digo en serio. Es más: considero que puede llegar a ser un buen presidente, si logra zafarse de las amarras de esa jauría de políticos y politiqueros que se ha unido a su causa, y a los que él ha recibido con los brazos abiertos. De hecho los primeros nombramientos que ha revelado hasta ahora apuntan a la conformación de un buen equipo de gobierno.
De modo que el problema de JMS nada tiene que ver con idoneidad, sino con el origen espurio de su mandato, porque está accediendo al poder con la tenebrosa sombra de miles de víctimas inocentes, asesinadas fuera de combate por las Fuerza Militares, mientras él se desempeñaba como titular de Defensa. Yo no creo que JMS tenga responsabilidad directa en ninguna de esas muertes, pero si era tan buen ministro debería estar al tanto de lo que hacían los hombres bajo su mando. JMS tiene una responsabilidad política que hasta ahora no ha querido asumir, y eso no admite compases de espera. En un país medio decente alguien como JMS no podría ser presidente ni de una junta de acción comunal.


