sábado, mayo 29, 2010

Dar el salto y confiar


Por  Gerrit Stollbrock

¿Qué demonios tiene que ver responder una pregunta tramposa sobre el sueldo de un médico general en 10 segundos con llevar a cabo una “reforma estructural al sistema de salud”? ¿Qué demonios tiene que ver satisfacer los caprichos maniqueos de una periodista frente al glifosato con “impulsar opciones de desarrollo integral para las regiones en las que existen cultivos ilícitos, con el propósito de reducirlos de manera sostenible y eficaz”? ¿Qué demonios tiene que ver el poner a un candidato presidencial a desfilar con respuestas en ese reinado de las suspicacias que son los debates con gobernar un país sobre la base de una propuesta de gobierno que se ha venido construyendo en forma colectiva con el apoyo de un abanico plural de los más sobresalientes expertos del país?

Sí. Cuando Antanas habla en los debates yo también me siento como un bombero que alista su malla para recibir a alguien presto a saltar desde algún piso alto de un edificio en llamas; yo también quiero corroborar que es infalible, quiero confirmar que sus propuestas son inmejorables, quiero un
certificado que me garantice que en todo su equipo no hay una sola sombra de sospecha, quiero ratificar que tengo respuestas para cada una de las críticas sobre su supuesto neoliberalismo o sobre sus supuestas simpatías con la revolución bolivariana.

Pero lo único que me encuentro, por más que le dé vueltas, es un ser humano que, mientras sus adversarios prometen créditos a cero interés para todos los graduandos del país, 400.000 viviendas de interés social o acabar con la injusticia social en 4 años, traza los horizontes con prudencia, porque es incapaz de dar una sola respuesta que implique un compromiso que él no pueda cumplir; un ser humano dispuesto a aceptar que necesita el mejor de los equipos para gobernar porque para cada tema hay personas que saben mucho más que él; un ser humano dispuesto a retractarse cuando unos periodistas lo han empujado a responder una pregunta suspicaz y su rival aprovecha el show mediático para restregarle la respuesta una vez más; un ser humano dispuesto a contenerse cuando sus respuestas pueden poner en riesgo las futuras relaciones con un país vecino, así eso no complazca nuestro delirante patriotismo; un ser humano dispuesto a afirmar que va a hacer que todos paguemos los impuestos que es justo que paguemos para construir país. Por más que le dé vueltas, sólo me encuentro con eso: un ser humano sin igual, capaz de liderar una transformación que es ante todo moral, capaz de ser el ser el epicentro de este sismo imparable de confianza que se está extendiendo lentamente entre nosotros que estamos tan acostumbrados a sospechar.

Ahí está él incólume, después de que J.J. Rendón y sus secuaces tuvieron que contentarse con su supuesto “ateísmo” tras llevar a término su tarea, seguramente muy acuciosa, de rastrearle su pasado público y privado para hacerle zancadilla y evitar su imparable ascenso. Ahí está su equipo, liderado por tres ex - alcaldes de talla mundial que han logrado, a pesar de sus orgullos y prejuicios ideológicos, tejer puentes sobre el abismo de la desconfianza y trabajar juntos. Ahí está su propuesta, excepcional pero del todo incompleta, con la invitación a que la discutamos, a que la construyamos en forma conjunta sobre la base del diálogo de argumentos y teniendo como marco principios como la vida es sagrada, la coherencia de fines y medios o la primacía del interés general sobre el particular. Eso es todo lo que hay.

Nota: Por una confusión, en algunas páginas de internet y en Facebook se le atribuyó la autoría de este texto a Laima, la hija de Mockus. Consideramos necesario aclararlo, entre otras, porque le arrebata parte de su fuerza: el texto apareció por primera vez en el blog de Stollbrock y su autor, aunque de apellido raro, no tiene lazos genéticos con Mockus.

Aleida y Mockus, a la francesa


jueves, mayo 27, 2010

El ciudadano Mockus


A lo largo de su vida pública, Antanas Mockus ha hecho gala de una transparencia, honestidad y coherencia que Bogotá y Colombia le han aplaudido sin vacilaciones; tal vez porque tradicionalmente en nuestro medio los políticos no se han distinguido por esas características.

Otras grandes cualidades del profe han sido su autenticidad y su sencillez. En un país como éste hemos estado acostumbrados a ver a montones de políticos y funcionarios de medio pelo a los que les fascina contratar choferes, guardaespaldas y asistentes, con los que se mueven en costosos vehículos, comen en restaurantes caros y viven en palacetes; y todo para darse aires de importancia por cuenta del erario, de nuestros impuestos.

En contraste, el ciudadano Mockus es un hombre en cuyo diccionario la palabra ostentación no existe. Después de haber ocupado en dos ocasiones la Alcaldía de Bogotá, que es el segundo cargo más importante del país, y de haber sido rector de la Universidad Nacional, el candidato todavía vive en Quinta Paredes –un tradicional barrio de clase media– con su mujer, dos hijas, dos perros y un loro, en una casa donde él mismo les abre la puerta a los visitantes.
A Mockus no le toca esforzarse para ser humilde ni tiene que disfrazarse de ciudadano de a pie, porque lo es genuinamente. A él los bienes materiales lo tienen sin cuidado y prefiere un buen libro a un buen carro. O a cualquier carro.

El interés que muchos le dedican en la vida a las apariencias Mockus se lo ha entregado a su propia formación, a la Academia, a la educación, a la cultura ciudadana, de la cual ha hecho su bandera y con la que empezó hace más de una década la transformación cívica de Bogotá.

No contento con eso, en un país brutalmente azotado por la violencia y la corrupción Mockus se ha propuesto rescatar el respeto por la vida y ha emprendido una defensa feroz de los recursos públicos.

Mockus ha obtenido importantes logros, que no sólo se han reflejado en estadísticas muy favorables, sino en algo más importante aún: en un cambio de mentalidad de sus conciudadanos. La gran metamorfosis de la capital colombiana empezó cuando, a punta de pedagogía mockusiana, sus habitantes empezaron a entender que ellos mismos podían empezar a mejorarla, respetando las normas, practicando el juego limpio. Mockus es un estricto cumplidor de la ley, no sólo como ciudadano, sino también como gobernante.

El éxito de Antanas en Bogotá ha tenido una repercusión que trasciende nuestras fronteras, y así lo ratifica un grupo de intelectuales de varios países, encabezados por el filósofo alemán Jurgen Habermas, en una carta de apoyo que acaban de suscribir respaldando su candidatura. En consecuencia tengo la certeza de que, como presidente, Mockus puede liderar ese cambio de actitud que los colombianos necesitamos para que nuestros hijos tengan un mejor país. Por eso, mi voto es verde.
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sábado, mayo 22, 2010

Mockus + Fajardo, ¡de una!

Por favor, distribuyamos esto masivamente... Ahorrémonos la segunda vuelta.



jueves, mayo 20, 2010

Encuesto-debatitis aguda


A diez días de las elecciones presidenciales, la política sigue siendo el principal tema de conversación en el país y son abundantes los temas que surgen alrededor de candidatos, campañas, medios, encuestas o debates. Muchas cosas se pueden decir sobre la cosa electoral, pero me voy a referir especialmente a estos dos últimos asuntos: las encuestas y los debates.

Como beneficiario y defensor de la libertad de expresión, creo que la publicación de las encuestas electorales debería ser, si no prohibida, mucho más controlada por parte del Estado, para evitar que el abuso de las mismas derive en una injerencia, esa sí indebida, sobre el proceso de elección.
De todos es sabido que cada sondeo produce un fuerte impacto en la gente del común, cuyo comportamiento termina moldeado por la corriente de los favoritismos. Muchos ciudadanos, víctimas de la presión social que las encuestas generan, le apuestan, sin pensarlo, al caballo ganador. Otros, en contraste, al ver subir a alguien que no es de sus gustos, resuelve votar en su contra, así eso implique dejar de lado las propias convicciones. Otros más, desmotivados con los resultados, se abstienen de participar mientras que algunos se suman con desgano a las mayorías, dizque para no botar el voto. Son muy pocos los que votan a conciencia, sin dejarse manipular por la numerosa cantidad de encuestas, que a la larga resultan contraproducentes, pues el exceso de cifras termina confundiendo a unos, desinformando a otros y apabullando a casi todo el mundo.
El otro ingrediente fastidioso de esta campaña han sido los incontables y publicitados debates. Ha habido encuentros de todos los colores, estilos y sabores; la mayoría muy sosos y algunos demasiado originales. Es obvio que el gran número de candidatos dificulta la tarea de ubicarlos en el set y darles a todos tiempo suficiente para elaborar sus respuestas. En algunos de esos encuentros a la multitud de aspirantes a la presidencia se ha sumado una legión de periodistas que convierten la escena en un hormiguero en el cual poco o nada se puede discutir adecuadamente. Y si a eso le agregamos la cantidad tan absurda de debates y la escasez de profundidad, se entiende por qué estas controversias casi no despiertan el interés del público.
Al margen de las anteriores consideraciones, es innegable que los más beneficiados en estas lides han sido Pardo, Vargas y Petro, a quienes se les nota su experiencia en el Congreso. Sin embargo, su pericia dialéctica no se refleja en las encuestas, lo cual reafirma la teoría de que los debates inciden muy poco en la decisión de los votantes.
En vez de hacer tanto debate, los medios deberían abrir sus espacios para que los candidatos hablen sin chicharras ni cuentas regresivas y expongan tranquilamente sus planes de gobierno. Así nos evitaríamos el tedio que produce Santos al hablar; la impaciencia que causa Antanas y la lástima que inspira Noemí. 
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viernes, mayo 14, 2010

Santos no es Colombia

Por un error involuntario, esta página no fue actualizada oportunamente. Les ofrezco mil disculpas.
—Vladdo
Me causa curiosidad la ligereza con la que algunos denuncian la intervención extranjera en la política colombiana. Últimamente, cada vez que Hugo Chávez sale con alguna de sus diatribas contra Juan Manuel Santos, los noticieros y los periódicos colombianos, como caja de resonancia, salen como plañideras a hablar de la intervención del presidente venezolano en el proceso electoral o en los asuntos internos de Colombia. A su vez, el presidente Uribe y su brillante Canciller hacen lo propio y hasta se ponen a exigirles a organismos multilaterales que se pronuncien contra los atropellos del comandante de la Revolución Bolivariana. En este país, nadie en su sano juicio le prestaría atención a las impertinencias de nuestro lenguaraz vecino, si no fuera por la trascendencia y el bombo que le dan los medios a sus declaraciones.

Injerencia no es otra cosa que inmiscuirse o tratar de meter baza en asuntos que no tienen qué ver con uno; es opinar sobre algo que a uno no le han preguntado. Es también entrometerse, o, como dice el diccionario, “meterse donde no lo llaman, inmiscuirse en lo que no le toca”. Entendidas así las cosas, es indudable que el presidente venezolano es un metiche profesional. Y cuando él se pone a dar opiniones sobre el proceso electoral colombiano o uno de los candidatos presidenciales, pues sí, se está entrometiendo, ¿y qué?

Es de todos conocido que Chávez y el candidato del Partido de La U tienen un asunto personal sin resolver, motivo por el cual el hombre de la boina se refiere a Juan Manuel Santos en términos desobligantes, que en ocasiones hace extensivos a la situación binacional. Y aunque hoy, como candidato en campaña, nuestro ex ministro de Defensa se muestra muy discreto y posa de víctima, no podemos olvidar las bellezas que ha dicho del señor Chávez Frías en el pasado reciente. Pero repito: esa es una pelea de cocina a la que no se le puede dar una dimensión que no merece; ni mucho menos salir a hablar de intromisión de Chávez en nuestros asuntos internos y no sé qué otras ridiculeces.

Por eso tiene razón el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, al decir que no hay intervención de Chávez en la campaña. Si estuviera financiando a algún candidato, o promoviendo alguna acción que alterara el proceso electoral, ahí sí estaría interviniendo; pero no es así. Muchos aquí quedaron insatisfechos con la declaración de Insulza, pese a que manifestó que “no es una buena práctica y no debe pasar”. ¿Qué más esperaban? ¿Que le rompiera la cara, marica? Así no funciona la diplomacia.

Los medios y los políticos colombianos deberían ignorar por completo las impertinencias que dice Chávez, y dejar que éste resuelva con Santos su problema personal, así sea a trompadas. Pero no podemos hacer de eso un problema nacional, pues ni Chávez es Venezuela, ni Santos es Colombia.

lunes, mayo 10, 2010

Subjetivo, pero independiente

La siguiente es mi respuesta a un artículo del periodista Jorge Gómez Pinilla, donde pone en tela de juicio mi independencia, debido a mi simpatía por la campaña de Antanas Mockus. [Ambos textos están publicados en www.semana.com]

He recibido numerosos comentarios acerca de mi apoyo a la candidatura de Antanas Mockus. Algunos han insinuado que he perdido mi objetividad y que he comprometido mi independencia al respaldar abierta y activamente el proyecto político de los Verdes. Otros han ido mucho más allá, llegando incluso a preguntar qué cargo ocuparía yo en un eventual gobierno del ex rector de la Universidad Nacional.

Pues bien, todas estas hipótesis parten de una premisa equivocada, cual es la de confundir objetividad con independencia. Quienes opinamos en los medios, antes que periodistas o analistas, somos ciudadanos, y por lo tanto tenemos derecho a escoger quién queremos que nos gobierne. Consecuentemente, como fruto de nuestros conocimientos, gustos y experiencia, tenemos unas preferencias y unas creencias que necesariamente se tienen que reflejar en nuestro trabajo.

En mi caso particular, son de público conocimiento mis posiciones, no sólo en el terreno político, sino también frente a los distintos temas a los que uno se refiere en este quehacer periodístico. Y cuando me invitan a trabajar en algún medio los editores y propietarios saben perfectamente dónde estoy ubicado en esas materias. A mí me contratan para que manifieste mis puntos de vista y no para opinar quirúrgicamente equilibrado. Se trata de poner en papel mis apreciaciones subjetivas, de acuerdo con mis convicciones. Y así como algunos defienden unas causas, otros defendemos unas diferentes, y lo decimos y lo debatimos abiertamente en nuestras columnas o viñetas.

Nunca he pretendido ser objetivo ni equilibrado en mis caricaturas, ni en Un Pasquín; de hecho todo el mundo sabe cuáles son mis inclinaciones políticas, sociales, religiosas, etcétera, porque yo las hago explícitas. No es lo mismo opinar que informar y mis caricaturas y columnas son opinión pura, recargada, subjetiva.

En esta campaña presidencial, y por razones éticas, morales y profesionales, mi opinión es 100% contraria a JM Santos y muy favorable a Mockus. Sin embargo, así yo sienta mucha simpatía por el profe, si él –como candidato o gobernante– incurre en alguna falta, o hace algo criticable, yo tengo que seguir haciendo mi trabajo; pues al fin y al cabo yo no soy empleado de su campaña, ni seré funcionario de su gobierno. Y tampoco soy defensor particular ni vocero oficial de Mockus ni del Partido Verde.

Y aquí viene la confusión (¿o tergiversación?). El hecho de que uno sea subjetivo no quiere decir que deje de ser independiente. No es lo mismo respaldar a un político por simpatía o por convicción, que hacerlo a cambio de un contrato, un nombramiento o cualquier otra prebenda. Ningún político, funcionario o empresario puede decir que en mis casi 25 años de carrera he criticado o defendido a alguien a cambio de algún favor.

Algunos periodistas han alternado su ocupación con tareas diplomáticas o burocráticas, cosa que respeto. Otros más frescos las han ejercido simultáneamente, sin sonrojarse; allá ellos. Pero si yo algún día decidiera aceptar un puesto público abandonaría definitivamente mi carrera periodística; pues detesto esa puerta giratoria que hay entre el periodismo y la política.

En conclusión, la independencia y la objetividad son dos cosas diferentes; y así como no se puede confundir respetar con admirar, ni Parkinson con Alzheimer, cuando se trata de opinar, la objetividad y la independencia no se pueden equiparar.

Mockus y yo

jueves, mayo 06, 2010

Perder no es una opción


El sorpresivo revolcón en la campaña de Juan Manuel Santos, del cual se hablaba desde la semana pasada en los mentideros políticos, no debería sorprender a nadie. Era un secreto a voces que su candidatura venía de capa caída, y las más recientes encuestas estaban demostrando que, a pesar de lo que rezaba su eslogan, retroceder no sólo era una opción, sino que era ya una dolorosa realidad.

También era previsible que ante el repunte de Antanas Mockus en las encuestas, los furibistas, atortolados como están, tenían que acudir a alguna maniobra para tratar de revertir esa tendencia. Y el resultado de ese cocido se vio el lunes pasado, cuando se anunció con gran despliegue mediático el relanzamiento (¡qué palabra tan fea!) de la campaña de JMS. Álvaro Gómez decía que las encuestas, como los chorizos, eran muy sabrosas, pero era mejor no averiguar cómo se preparaban. Lo mismo debe temerse de las recetas a las que acudirá JMS para tratar de recuperar el terreno perdido, pues si él solo es capaz de urdir tantas mentiras, engaños y dobleces éticos, con la ayuda de JJ Rendón es de esperar que esa capacidad de hacer daño crezca exponencialmente.

En contra de lo que deben creer sus más cercanos asesores, y el candidato mismo, la estrategia del ex ministro de Defensa no empezó a fallar hace unas semanas, con el boom de Antanas Mockus y el Partido Verde, sino mucho antes; pues desde la exitosa Operación Jaque JMS ya se sentía en la Casa de Nari. Para él, la presidencia es un derecho adquirido, no sólo por pertenecer a una de las familias más influyentes del país, sino también por ser el sucesor natural de Álvaro Uribe. Y con esa convicción estaba afrontando la campaña como un mero formalismo burocrático, mirando a los demás candidatos por encima del hombro, mientras esperaba la llegada del 7 de agosto.

Y dentro de esa lógica, el candidato de La U menospreció la capacidad de Mockus para convocar a toda esa gente hastiada de los políticos tradicionales. JMS no debe comprender cómo un profesor universitario de estrato 4, sin acción en ningún club, que no usa ropa de marca ni va a restaurantes caros, lo tenga contra las cuerdas. Santos debe preguntarse cada día cómo este aparecido, que no sabe de cacería ni resiste una partida de póquer, se ha atrevido a usurparle sus derechos.

Tras conocerse la polémica vinculación de JJ Rendón a su campaña, Santos se comprometió categóricamente a que no acudirá a la guerra sucia, ni a la propaganda negra contra ningún candidato; pero conociendo sus antecedentes de farsas y contradicciones, eso debe significar que a partir de ese momento todos sus sabuesos ya habían empezado a escarbar hasta debajo de las piedras, a ver qué cosas útiles encuentran para contener la marea verde.

Como el buen tahúr que es, Santos no sabe perder.

sábado, mayo 01, 2010

Campaña de Un Pasquín contra la amnesia

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Un Pasquín, Edición 53

TEMEN QUE EE.UU. HAYA
FINANCIADO ‘FALSOS POSITIVOS’

[REPORTAJE] Dos de las principales organizaciones defensoras de derechos humanos de Washington, especializadas en el estudio de la violencia en Colombia, expresan sus temores de que fondos de Estados Unidos hayan sido usados para pagar recompensas por ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por el ejército en los últimos años.

Con nuevo logo, 20 páginas y más colaboradores, esta edición viene cargada de investigación y análisis de la actualidad política nacional.
¡Disfrútenla!

[Baje aquí el PDF de la nueva edición de Un Pasquín]