Aunque se suponía que la reñida victoria de Noemí Sanín en la consulta conservadora era el punto de partida de la competencia por la presidencia, la campaña aún no arranca. Por lo menos esa fue la sensación que me quedó después de ver el debate transmitido el martes por el Canal RCN, en el cual intervinieron siete de los 10 personajes que tendremos en el tarjetón electoral del próximo 30 de mayo: Noemí Sanín, Sergio Fajardo, Antanas Mockus, Rafael Pardo, Gustavo Petro, Juan Manuel Santos y Germán Vargas. Frente a ellos estaban los periodistas Clara Elvira Ospina, Claudia Gurisatti, Vicky Dávila, Yolanda Ruiz y Alejandro Santos. Con tantos invitados en el set, estos eventos resultan más bien aburridos y no son el mejor escenario para conocer qué piensan en realidad los participantes.De hecho, en este primer round no se vieron diferencias sustanciales, y todo se quedó más en la forma que en el fondo. Los candidatos lucían tranquilos y la sobriedad fue el común denominador en su indumentaria. Noemí se veía fresca y hasta bonita, mientras a Petro parecía que la corbata le estorbaba; yo no sé por qué no siguió el ejemplo de Fajardo, que iba sin esa incómoda prenda. Pero así como ninguno desentonó en su presentación personal ninguno tampoco brilló por la originalidad de sus propuestas ni la agudeza de sus respuestas. Y aunque hubo algunas reacciones ingeniosas y otras simpáticas en este escenario, dominado por la cautela, todos se cuidaron de no decir bobadas demasiado notorias y varias preguntas se quedaron sin respuesta.
Pese a la moderación que mostraron, se empezó a insinuar una contienda con tres tendencias: la de los que se creen los más fieles seguidores del modelo Uribe (Noemí, Santos y Vargas Lleras); la de los antiuribistas purasangre (Pardo y Petro); y la de los independientes (Fajardo y Mockus). Curiosamente, en medio de esa sosedad fue grato ver a un Fajardo más concreto en sus planteamientos (por ejemplo en su posición contra la corrupción) y a un Mockus menos laberíntico al exponer sus argumentos.
La verdadera campaña va a empezar tras la publicación de las próximas encuestas y a medida que se vayan acercando los comicios. Será entonces cuando desaparezca la simpatía que se vio en este primer debate y, acosados por los nervios, los contendientes comiencen a sacarse los trapitos al sol, a pasarse facturas, a ponerse cáscaras y zancadillas y a hablar con sinceridad, pues lo del martes fue apenas un calentamiento.
Punto aparte. Por la distribución de los reporteros y los políticos en el estudio, la mayor parte del tiempo los candidatos se dirigían al periodista que preguntaba y aparecían en la pantalla con la mirada hacia un lado, enfocados de perfil. Me parece que ahí falló la logística, pues para el televidente es mejor tener al candidato de frente, mirando directamente a la cámara, como si estuviera hablando con uno. •
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