sábado, febrero 28, 2009

¿Alguien ordenó ‘chuzo’?

Es poco lo que se puede agregar tras oir las miles de voces de indignación que se han alzado para protestar con justa razón por la forma arbitraria como funcionarios del Departamento Administrativo de Seguridad –DAS– se han dedicado a espiar ilegalmente a magistrados de la corte Suprema de Justicia, políticos de la oposición y miembros de la prensa, entre otros.

Pero más escandaloso que el hecho en sí mismo, denunciado valerosamente por la revista Semana, es el manejo que el Gobierno le ha dado al asunto. No sólo ha tratado de presentarse también como víctima, en un gesto a todas luces cínico, sino que además ha querido zafarse de la responsabilidad que le corresponde. El DAS es un organismo que depende directamente de la Presidencia de la república, y a pesar de los múltiples escándalos en los que se ha visto involucrado en el pasado reciente, estas nuevas denuncias demuestran que el Gobierno no ha hecho nada por subsanar las protuberantes fallas cometidas por funcionarios de todos los niveles.

El problema, pues, no reside en los empleados, sino en la estructura del organismo, que propicia los excesos. tampoco se consigue nada entregándole a la Policía unos equipos de grabación, como lo ha ordenado el Presidente en otro de sus arrebatos, para que sean los uniformados quienes practiquen las interceptaciones con orden judicial: la cuestión, son las chuzadas ilegales, doctor Uribe. Y para erradicarlas sería muy útil desenmascarar a quienes las ordenan. A lo mejor no están tan lejos...

Preguntas sueltas

¿No es absurdo que en el imperio de la seguridad democrática le pase todo lo que hemos visto a las instituciones encargadas, precisamente, de velar por la seguridad?

¿Cómo se explica que en plena vigencia de la seguridad democrática el Ejército haya sido infiltrado por narcos y guerrilleros, tal como se supo hace un par de años?

¿No es ridículo que con todos los recursos de que dispone el Estado de la seguridad democrática no haya podido impedir que organismos como la Policía y el DAS hayan sido permeados por la mafia?

¿Con qué cara se atreven a salir los más altos funcionarios de la sede presidencial de la seguridad democrática a llorar como niñas, porque a ellos también los ‘chuzan’...?

jueves, febrero 26, 2009

Dizque ateo…

Me dejó perplejo, por decir lo menos, una invitación en la cual me proponen enviar un escrito para ser incluido en un Manual de Ateología, próximo a salir en Colombia, y con el cual piensan volver a lanzar el sello Tierra Firma Editores, fundado en 1985 por Germán Arciniegas y Tito Livio Caldas, y que fue célebre por la publicación de la Revista Ciencia Política.

Sin embargo, pese a lo generosos que eran los términos de la invitación, y a que se supone que dicho Manual tendrá “una cuidadosa selección de textos de los más importantes pensadores, políticos, abogados, periodistas, artistas, escritores, científicos y empresarios colombianos que contarán por qué no creen en dios” (con minúscula y todo), me sentí en el deber de rechazar la tentadora oferta. Y por varios motivos.

En primer lugar, por tratarse de un tema tan complejo, no creo tener los conocimientos suficientes para escribir una argumentación seria sobre ateología, pues eso no se puede reducir a un conjunto de opiniones o afirmaciones simplistas, escritas sin suficientes elementos de juicio sobre la extensa e histórica controversia entre religión y racionalidad.

Otra razón para marginarme del asunto es que los autores de la propuesta cometen una ligereza igual a muchos críticos de mi trabajo. Me explico: los uribistas me tildan de pastranista, así que me toca invitarlos a repasar las caricaturas que yo hacía sobre Pastrana. Ellos mismos también me acusan de ser muy blandito o hasta simpatizante de la guerrilla, por lo cual hay que mostrarles de nuevo las decenas de viñetas mías contra las atrocidades de LAFAR. Curiosamente, los pastranistas me reclamaban por ser samperista; por lo cual me tocaba invitarlos a ver cómo eran mis dibujos durante el proceso 8000; y así cíclicamente. Es decir, unos y otros se precipitan para ponerle a uno culaquier etiqueta, sin ningún fundamento.

Con esa necia lógica, estos amigos de Tierra Firme asumen que yo soy ateo, quizás basados en las críticas que en reiteradas ocasiones he hecho de algunos jerarcas católicos o de la propia Iglesia, con muchas de cuyas doctrinas no comulgo. Creo que esas discrepancias no son justificación suficiente para convertirme automáticamente en ateo. En el mejor (¿o peor?) de los casos podrían servir para colegir que no soy católico, así no sea del todo cierto. Pero de ahí a ser ateo…

Además me parece que la fe es un asunto tan íntimo y personal, que es algo de lo cual uno no tiene por qué presumir en público, o convertir en consigna. La práctica religiosa (o la falta de ella) es simplemente una actitud frente a la vida, por la cual uno no debe sentir complejos, pero tampoco especial orgullo.

El papel de uno como periodista y miembro de la sociedad civil busca regirse por principios de racionalidad universal que, precisamente por eso, puede tener la aspiración de presentarse a una comunidad en la que se dan todos los matices de la creencia. Lástima que a veces sea malinterpretado.

martes, febrero 24, 2009

Sin Jartañán

La información del periódico El Tiempo es tan pobre que este 24 de febrero de 2009 ni siquiera registra en su primera página la muerte de Roberto Posada García–Peña, uno de sus más insignes columnistas, ocurrida la víspera, a las 10 de la noche.

No hay ningún pretexto para que, con la tecnología de hoy, semejante noticia se haya quedado por fuera; así se trate de la edición nacional. Además no era un secreto que el columnista estaba agonizando desde hace varios meses. ¿Cómo es posible que no tuvieran eso previsto?

jueves, febrero 19, 2009

Escándalo equivocado

Es absurda la reacción contra Matti Herrera-Bower, alcaldesa de Miami Beach, porque en una audiencia donde se hablaba de personas sospechosas que pagan sumas exorbitantes por el alquiler de lujosas mansiones en South Beach, ella se refirió a los narcotraficantes diciendo que tenían mucha plata y que provenían de Colombia. ¡Quién dijo miedo! En Bogotá y Miami, varios medios impresos y de los otros hicieron un ruido exagerado, y pese a que la alcaldesa ofreció disculpas el cónsul de Colombia en esa ciudad, el inefable Luis Ignacio Guzmán, salió a exigir que si ella tenía nombres concretos que los revelara, pero que no estigmatizara a sus paisanos. Curiosos esos arrebatos de indignación por algo tan insignificante; como si los culpables de la famita de los colombianos fueran los funcionarios extranjeros y no los miles de compatriotas nuestros que van por el mundo haciendo de las suyas.

Es paradójico que en cambio el señor Guzmán no se haya pronunciado por la entrevista con Myles Frechette que apareció el domingo pasado en El Nuevo Herald, y en la cual el ex embajador plantea serias dudas sobre el presidente Álvaro Uribe, de quien Guzmán “ha sido compañero en todas las etapas de su vida pública”.

De acuerdo con la nota firmada por Gerardo Reyes, “Frechette estaba muy interesado en conocer a Uribe porque le parecía un político con un futuro promisorio en un país en crisis”. Así que decidió ir a Medellín y “sin rodeos, le preguntó sobre sus presuntos vínculos con el narcotráfico que aparecían en un informe de 1991 de la Agencia de Información de la Defensa de Estados Unidos (DIA)”.

Por otra parte, en referencia a César Villegas, Frechette le expresó a Uribe “la inconformidad de su gobierno con su decisión de haber nombrado al funcionario que otorgó las licencias de funcionamiento a una buena parte de la flota aérea de los narcotraficantes colombianos cuando Uribe era director de la Aeronáutica Civil”, a lo cual Uribe respondió “que había nombrado a Villegas porque era el único civil experto en aeronáutica en esos momentos en Colombia”; explicación que convenció poco al entonces diplomático. “Todo el mundo sabía lo que estaba haciendo Villegas y él también, y no quedé satisfecho con eso”, le dijo Frechette al periodista.

Al dar su opinión actual sobre Uribe, el ex embajador dice que es “muy frustrante, es una persona muy diferente a la que pensaba. No es democrático, no tiene mucho respeto ni por lo judicial ni por el Congreso, una persona autoritaria y muy populista, en muchos sentidos es muy parecido a Chávez”.

Luego de semejantes declaraciones, concretas como al cónsul le gustan, es increíble que Guzmán, quien supuestamente renunció a la embajada en México “por defender la dignidad de los colombianos y las políticas del presidente Uribe”, hasta ahora (mediodía del miércoles) no se haya dirigido al periódico para exigir alguna rectificación, como la que salió a pedirle a la alcaldesa Herrera-Bower. ¿O será que no hay nada que alegar?

---
[Toda la entrevista con Frechette se puede leer en el siguiente enlace:
http://www.elnuevoherald.com/noticias/america_latina/colombia/story/382409.html]

lunes, febrero 16, 2009

“Uribe es muy parecido a Chávez”: Frechette


El ex embajador de Estados Unidos en Colombia, Myles Frechette, hace un balance sobre el presidente Álvaro Uribe, en una entrevista publicada en El Nuevo Herald, la cual –por razones obvias– no ha sido comentada por ningún medio en Colombia.

La siguiente respuesta resume el contenido de sus declaraciones:

¿Que opinión tiene de Uribe hoy?
Muy frustrante, es una persona muy diferente a la que pensaba. No es democrático, no tiene mucho respeto ni por lo judicial ni por el Congreso, una persona autoritaria y muy populista, en muchos sentidos es muy parecido a Chávez.
---
No demora Uribe en salir a decir que Frechette es un terrorista, ni sería raro que Juan Mnauel Santos dijera que ya tienen pruebas de sus nexos con LAFAR...

[La entrevista completa se puede leer en el siguiente enlace:
http://www.elnuevoherald.com/noticias/america_latina/colombia/story/382409.html]

jueves, febrero 12, 2009

La continuidad

La principal preocupación de Álvaro Uribe, en caso de que fracase en su nuevo intento reeleccionista, es asegurar la continuidad de sus políticas. Desde 2004, el Presidente ya les decía a sus cercanos aplaudidores que “hay que preparar la sucesión; no podemos dejar el país en manos de ellos”, en clara alusión a los integrantes del Polo Democrático. En aquel entonces, Uribe manifestaba que quería un sucesor con experiencia política y con los pantalones bien amarrados y señalaba a los dirigentes liberales Enrique Peñalosa y Juan Manuel Santos. Según tengo entendido, en ese momento, al enterarse de la propuesta, Peñalosa mostró poco entusiasmo mientras que Santos estaba mucho más abierto a la posibilidad (y eso que todavía no era ministro). Desde entonces Uribe está obsesionado por continuar su proyecto político e impedir que el Polo triunfe en las elecciones presidenciales de 2010.

Sin embargo, tras el salto al agua de Andrés Felipe Arias, quien se declara continuador de los postulados uribistas, vale la pena preguntarse cuáles son esos logros que tanto vale la pena preservar. Aunque la lista es extensa, me voy a referir a unos cuantos aspectos clave, sin incluir la crisis social, que merece artículo aparte.

Para empezar, me pregunto si Arias, o quien sea el candidato oficialista, quiere seguir con las políticas de recompensas e informantes que desembocaron en los falsos positivos, gracias a los cuales han perdido la vida cientos de ciudadanos inocentes, asesinados por nuestras propias Fuerzas Armadas.

¿O será que vale la pena continuar con esas mismas estrategias que han trasladado la zozobra de la inseguridad a las ciudades, donde los índices de delitos contra la vida y la propiedad han aumentado escandalosamente? ¿O lo que hay que cuidar es el avance del lucrativo negocio del narcotráfico, viendo multiplicar sus bandas, al tiempo que la sociedad se ‘traquetiza’?

¿O será que la idea es reforzar los progresos de los últimos años en cuanto a infraestructura? La prueba más reciente y dolorosa del fiasco de Andrés Uriel Gallego como ministro de Transporte es el accidente que se presentó en la vía a Quibdó en días pasados, en el cual murieron docenas de colombianos humildes, mientras el Invías se debate en una maraña de irregularidades. Y ni hablar de la anunciada recuperación del ferrocarril que prometió Uribe en su primera campaña. Después de todos estos años, ahí tampoco hay mucho que valga la pena preservar.

Por último, sería interesante saber si amerita mantener la continuidad de la errática política internacional de Uribe, y el fracaso de sus cinco cancilleres. Utilizadas por el propio Presidente para pagar favores políticos, las misiones colombianas en el exterior han visto desfilar a patéticos personajes que van desde la señora Pum-Pum hasta Moreno Descaro, pasando por otros como Álvaro García, Édgar Perea o Claudia Rodríguez de Castellanos; además de los hijos de Santofimio, Name, Guerra, etcétera.

¿Valdrá la pena seguir en las mismas? Para esa gracia, mejor que siga Uribe, a ver si al fin tocamos fondo.

martes, febrero 10, 2009

Juan Manuel Santos vs. la ética

Puedo dar fe de que Juan Manuel Santos es un personaje de pobres escrúpulos y de oscuras intenciones, quien poco aprecia cosas como la ética. Por eso me sorprendió la semana pasada cuando propuso hacer un debate ético con los periodistas que asistieron a la liberación de los uniformados devueltos por las FARC. ¡Qué descaro!

JMS no tiene autoridad moral para hablar de ética. Yo mismo lo demostré en el artículo que transcribo a continuación, y que publiqué en el periódico Portafolio en marzo de 2006.

Sé que es un cuento viejo, pero si él es reiterativo con sus engaños, uno también tiene derecho a ser insistente con sus verdades.



Santos óleos

Por: Vladimir Flórez

Hace dieciséis años, en plena campaña presidencial, fui a la dirección de El Tiempo a dejar un dibujo para la página editorial. Al salir, el asistente de la dirección me dijo que Juan Manuel Santos, director encargado –don Hernando estaba de viaje– necesitaba un caricaturista; y, como yo era el único a la vista, me dirigí a su oficina, sin tener idea de qué se trataba. Allí encontré sentado a Juan Manuel Santos, acompañado por el ex ministro Carlos Lemos Simmonds, quien era asesor editorial del periódico y estaba en una silla al otro lado del escritorio.

Después de un breve saludo, Santos me sacó de dudas y sin rodeos me dijo: “Mire esta idea para una caricatura: Hay dos personas frente a un televisor. Una de ellas dice: Ese Navarro como habla de enredado, ¿no? Y luego la otra responde: Sí, pero comparado con Barco es todo un Demóstenes”.

Al terminar su relato, yo me reí, y le dije que la idea me parecía muy buena, pero a renglón seguido aclaré que yo no la dibujaría. En ese instante, no sé cómo, entendí que si aceptaba el ‘encargo’ abriría una puerta imposible de cerrar más adelante. “¿Por qué? ¿No dice que le gustó tanto la idea?”, preguntó con no poca cara de sorpresa. “Pues, sí” —le dije, y continué— “pero es que no es una idea mía, y a mí no me gusta pintar sino lo que a mí se me ocurre”. La atmósfera se puso un poco densa y los escasos minutos que estaba pasando yo ahí se me hacían eternos. Lemos no decía nada; a Juan Manuel Santos le temblaba la quijada y a mí las piernas. “Me van a echar”, pensé.

El director encargado prosiguió. “Ah, ¿lo dice por su ética?”, me preguntó poniéndole un tono entre peyorativo y burlón a la última palabra. “Sí, lo digo por mi ética”, e hice también énfasis en la misma palabra. A esas alturas de la conversación, la cara de Santos no hizo milagros, sino que adquirió un tono rosado, y medio tartamudeando soltó esta frase: “Ah, ¿usted es de esos?”, a lo que yo —que ya debía estar igual de colorado y sentía que me temblaba hasta mi pluma Lamy— repliqué: “Sí, yo soy de aquellos”. Sin más que decir, me despedí de ambos y salí de la oficina del subdirector, hecho un manojo de nervios por el impasse, pero muy tranquilo por la decisión que había tomado. El incidente no pasó de ahí y un par de días después el dibujo salió publicado; lo había hecho otro colega.

Como caricaturista sé que los directores son muy dados a sugerir chistes, generalmente malos, y siempre he entendido que si uno se deja dictar una caricatura, por muy buena que sea, se echa la soga al cuello.

Lo malo en este caso no fue la sugerencia, sino la reacción de Santos. Yo no lo conocía mucho a él –escasamente nos saludábamos de vez en cuando en la redacción–, pero aquel día sus últimas frases me lo retrataron de cuerpo entero. Por eso nunca le he creído ni me convencen sus tesis de ‘buen gobierno’; y por eso mismo no me causó ninguna extrañeza el episodio con Rafael Pardo. Así es él: el flamante presidente del Partido de la U.

lunes, febrero 09, 2009

Plinio hablando de orejas

Al igual que al presidente Álvaro Uribe y su entrañable amigo José Obdulio Gaviria, al señor Plinio Apuleyo Mendoza le encanta hacer generalizaciones sobre los supuestos cómplices de las Farc, para enlodar a los críticos del gobierno.

Por esa razón, le transmití las siguientes inquietudes que fueron leídas al aire por Julio Sánchez Cristo en La W, donde fue entrevistado este lunes, día del periodista en Colombia.
“Si Plinio dice que hay gente del PC3 en los medios, ¿por qué no dice los nombres? O, mejor aun, ¿por qué no los denuncia? ¿Quiénes cree él que son los simpatizantes de las Farc en los medios?
El hecho de discrepar de Uribe, ¿nos convierte en cómplices de las Farc?”
Como se ve, son unas preguntas muy elementales y sencillas de contestar, pero como muchas otras veces, este alumno aventajado de Goebbels no las respondió y sólo se limitó a decir que él no tenía nombres y que no se iba a poner de policía. Sólo dijo que a él le habían contado... que unos ex integrantes de las Farc le habían dicho... pero sin concretar nada.

Desde luego, no concreta nada porque no tiene nada que probar, o porque sólo le interesa calumniar en general y sembrar dudas sobre todos aquellos que no apoyan a ciegas al Mesías del Ubérrimo; así eso implique ponerles una lápida en la espalda a los detractores de la seguridad democrática y sus métodos.

Como bien dijo Félix de Bedout, bajo esos parámetros los contradictores del régimen no pueden ser catalogados de ninguna manera que no lleve de por medio un insulto. Plinio mismo los encasilla muy bien y llega al extremo de decir que quienes buscan la paz o son cómplices de las Farc, o son unos idiotas.

Un Plinio hablando de orejas...

domingo, febrero 08, 2009

Un año después...

Retomo apartes de un artículo que escribí hace un año, a propósito del día de San Valentín, que hoy recobran su plena vigencia.

Vean ustedes mismos:

Hoy se celebra en la mayor parte del mundo occidental el día de San Valentín, esa fecha especial en la que se hacen los obsequios de chocolates, se intercambian tarjetas románticas y se hacen invitaciones a comer con velas encendidas.

[...]

Hoy es el día ideal para desengavetar los sentimientos y dejar que la sinceridad fluya, sin temor a hacer el ridículo. Por ejemplo, esta sería la ocasión perfecta para que el doctor Álvaro Uribe se saliera del clóset y nos contara qué es lo que de verdad siente por el tercer mandato.

[...]

Hoy, día de San Valentín, es el mejor momento no para echarle los perros, sino para soltarle la jauría completa a esa persona que nos quita el sueño o nos deja al borde de la taquicardia. Hoy sería muy propicia la fecha para que Gina Parody nos contara si cree que vale la pena mantener esa relación desabrida con la bancada uribista.(¡...y miren lo que pasó...!)

Hoy es el único día del año en que la cursilería es válida y en que se permite acudir a la combinación de todas las formas de lucha para convencer a alguien de que nos tiene caminando por las nubes. Hoy, María Isabel Rueda, en vez de contar qué se está preguntando, debería responder qué necesidad tiene de seguir repitiendo, día de por medio, que sigue tragada de ese señor que vive en el Palacio de Nariño. Un día como hoy, el senador Gustavo Petro nos debería decir de una vez por todas si se piensa divorciar del Polo.

Hoy, nadie le haría ningún reproche al ‘Ministro de Palmicultura’ si confesara que lo que siente por el Presidente, más que lealtad y admiración, es una especie de complejo de Electra (¡Uribe es tu papá!).

jueves, febrero 05, 2009

Abecediario humanitario

Moviditos han estado los primeros cuatro días de esta semana, gracias a la serie de aciertos y desaciertos, autorizaciones y desautorizaciones, órdenes y contraórdenes, versiones y subversiones, que se han presentado alrededor de la llamada ‘liberación unilateral’ de varios colombianos víctimas del flagelo del secuestro que las Farc les ha infligido por varios años. Quedan varias reflexiones:

A. Para tratarse de un gesto de buena voluntad de la guerrilla, los señores de esa agrupación subversiva le han dado demasiadas largas al asunto, puesto que ellos hicieron el anuncio de esas liberaciones a mediados de diciembre, es decir hace más de cuarenta días. Aunque yo entiendo que una operación de esas conlleva una logística algo complicada, los relatos del ex gobernador Alan Jara dejan la sensación de que ellos se pueden mover mucho más fácilmente de lo que uno podría imaginar, lo cual debería contribuir a agilizar todo el proceso de devolución de esos rehenes (a quienes la guerrilla nunca debió raptar; sobre todo los civiles, que nada tienen que ver con el conflicto armado).

B. Ya entrados en la recta final de la liberación de estos compatriotas (que debe culminar hoy con el regreso del ex diputado Sigifredo López), es notorio cómo muchas personas tratan de robar figuración en medio de todo el proceso; desde la misma guerrilla, hasta el presidente de la República, pasando por el comic-sionado de paz y algunos periodistas.

C. Es innegable que con toda la parafernalia mediática, la guerrilla quiere mostrar una imagen humanitaria que a mí me resulta vacua. Soltar a unos colombianos que han tenido encadenados durante años en medio de la selva no es ningún acto de buena voluntad: es una obligación. Nadie tiene derecho a disponer arbitrariamente de la libertad de nadie; el secuestro no es válido ni justificable desde ningún punto de vista ni bajo ninguna bandera ideológica.

D. Me pareció una vergüenza que el domingo, a altas horas de la noche, el Presidente de la República hubiera mostrado como presas de caza a los policías y el soldado liberados horas antes. Es el colmo que en una actitud indolente con los ex secuestrados, sus madres e hijos, el gobierno hubiera obligado a los uniformados a postergar por un día el reencuentro con sus seres queridos y, en lugar de eso, los hubieran llevado a comparecer en una extensa rueda de prensa encabezada por el mismo Álvaro Uribe.

E. Curiosamente, la senadora Piedad Córdoba, que en anteriores ocasiones había aparecido tan fogosa y combativa, en esta oportunidad ha brillado por una cordura que raya con el estoicismo, lo cual ha permitido superar exitosamente hasta ahora los no pocos tropiezos que se han presentado en las distintas etapas de su no siempre grata tarea de mediación.

Punto aparte. Vale la pena guardar esta lúcida frase de Alan Jara, que resume bien el calvario que atraviesa este país: “Pareciera que al Presidente Uribe le convenga la situación de guerra del país; pareciera que a las Farc también”. Contundente.

lunes, febrero 02, 2009

Falsos positivos

En la operación contra Raúl Reyes, dice Juan Manuel Santos que todo se hizo desde territorio colombiano (y ya sabemos qué pasó).

En la Operación Jaque, Uribe dice que un soldado asustado usó el peto de la Cruz Roja (y ya sabemos qué pasó).

Y tras la misma operación, en una rueda de prensa en la Casa de Nariño, una ex secuestrada dijo que no había visto ningún símbolo de la Cruz Roja (y ya sabemos qué pasó).

Y ahora, tras la liberación de lo tres policías y un soldado, en otra rueda de prensa desde el palacio presidencial, otro ex secuestrado dice que no hubo operaciones militares...

Continuará...